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Tónal 2017

Laika aterriza en forma de colectivo

 

Brais Suárez

 

Tónal celebra los días 6 y 7 de octubre su décima edición en el LAVA de Valladolid. Su cartel, tan anárquico como las ideas del Colectivo Laika, sus organizadores, lleva a la ciudad un mosaico de sonidos y estilos con el afán de ampliar el horizonte musical de la ciudad. Pero, sobre todo, pone sobre el escenario la vocación de un grupo de personas por participar activamente en su pasión, la música, sin rendirse ante las exigencias de públicos y patrocinadores.

 

Lo natural no surge necesariamente de la naturaleza. Hay contradicciones incomprensibles, pero también necesarias. Es el caso de Laika. ¿Es natural? Lo es desde el momento en que nace de manera orgánica, inevitable. Lo es también al encontrar su funcionamiento normal en una pulsión irreprimible de sus miembros. Pero es también una aberración, una agresión al hábitat que la acoge, es una extravío difícil de comprender en un contexto que no lo apoya.

La naturaleza puede efectivamente herirse a sí misma. Una contradicción a corto plazo que solo es coherente cuando obtiene resultado con el tiempo. En este juego dialéctico que alimenta el desarrollo, Laika es la antítesis de su contexto.

Conocí a Adrián durante una larga penuria académica que compartimos en Madrid hace ya dos años. El humor negro, la música y cualquier brebaje que los potenciara eran el antídoto común que aplicábamos a la rutina y poco a poco las historias iban ganando terreno. Muchas de ellas, relacionadas con Laika. Reuniéndose como partisanos en el Bar Nuberu de Valladolid. Descubriendo a Animal Collective hace 10 años para ponerlos a tocar frente a los tambores de una procesión. Jugando un partido de fútbol contra Nacho Vegas. Haciendo tocar a Molly Burch en un colegio mayor.

 

 

UNA LÍNEA SUCESORIA ENTRE JUEGO DE TRONOS Y COREA DEL NORTE

Di por hecho que Laika, bajo esa apariencia anónima y cirílica, sería una extensión de la personalidad que Adrián me describía, una jarana (des)comunal que de vez en cuando trabajaría en serio para sacar adelante proyectos de los que disfrutar ellos mismos. Pero, al contrario, a través de los periplos que iba conociendo de Laika, entendí el lado más comprometido y serio de mi amigo. Hablando con él y con Juan entendí que, mucho más allá, Laika es un elemento disonante, un guerrillero que dispara música desde los montes.

Y es que por muy renovadora que se mantenga la propuesta, siempre subyace una condición de resistencia. Primero, ante un entorno cultural poco flexible con lo desconocido. Segundo, por su afán imperturbable de inyectar calidad y diversidad a un panorama anodino mediante actividades que involucren a la ciudad de Valladolid.

Y tercero, por otra parte, por encarnar esa resistencia que toda especie muestra al tiempo: la de la regeneración. El caso de Adri es paradigmático. Entró hace 6 años en el grupo mediante una ósmosis generada por el cariño y la admiración, pero ahora, trabajando en Madrid, se plantea su continuidad. Juan, el único miembro fundador todavía activo, explica la línea sucesoria como “una mezcla entre Juego de Tronos y Corea del Norte”. Recuerda el nacimiento de Laika como un cóctel lisérgico, producto de integrantes de las revistas Muzikalia y Molientes. Era una amalgama de gustos disonantes que se propusieron invitar a los artistas más insospechados a orillas del Pisuerga y, así, detectaron una naturaleza propia, distinta, como llegada en Sputnik desde el espacio exterior.

Ya desde entonces, el Tónal fue, junto con el Véral –en verano–, su evento bandera, aunque con un formato menos concentrado y más multidisciplinar –a lo largo de dos o tres semanas, una guerra de guerrillas levantaba los ánimos de distintos emplazamientos de la ciudad con eventos vinculados a las tres grandes inquietudes de los laikos: cine, literatura y, sobre todo, música­–. Entre el 2009 y el 2012 se suspendió la actividad para llegar con formato más compacto y decido en forma de festival musical.

 

 

LAIKA, EL SPUTNIK ATERRIZA EN VALLADOLID

La organización de esta décima edición exigió un esfuerzo que obligó a Laika a replantearse su estructura en un cónclave interno. A Juan y Adrián se unen Federico, Juanjo, Germán y Marcos, que desempeñan con más o menos tiempo sus labores de diseño, enlace con los grupos, organización de los eventos, difusión, patrocinios o gestiones administrativas. La distribución actual del trabajo, desde la hora diaria que dedica Juan hasta las apariciones más esporádicas de otros miembros (siempre condicionados por su trabajo), exige una auditoría interna. La prueba de fuego será el Tónal. A partir de entonces, la actividad seguirá centrada en la música y la organización se abrirá a una mayor cantidad de voluntarios, que entrarán en tres niveles distintos según su grado de implicación, que en términos eclesiásticos equivaldrían a 1) la cúpula vaticana o los actuales participantes, 2) peregrinos activos que colaboren con ideas y participación en eventos pero no a nivel organizativo y 3) bautizados no practicantes, que sí serán un apoyo moral para todas las actividades.

Con este nuevo planteamiento, se pretende  implicar a más asociaciones y ciudadanos, pero también profesionalizar la actividad atribuyendo roles específicos a cada miembro y, así, sacando adelante las actividades como Vomita Laika (un micrófono abierto literario), el concurso de microrrelatos Textículos, el certamen de documentales musicales Musicadox, dar continuidad a su fanzine y a su sello musical Valle Rojo y desarrollar Fútbol sin Gritos de mano de la revista Líbero, uno de los pocos proyectos susceptibles de generar ingresos.

 

 

UN FESTIVAL DESDE LA NADA

Sin embargo, esta profesionalización pretende en última instancia mejorar la organización de eventos como Tónal o Véral, que con una planificación más anticipada, podrían abaratar el coste de artistas o conseguir mejores patrocinadores. “Las marcas planifican su inversión en patrocinios a un año vista y nosotros conseguimos las primeras confirmaciones con unos ocho meses de adelanto”, dice Juan. Algo similar sucede con las subvenciones, que ahora mismo sí facilitan la cesión de espacios como el LAVA y que, a pesar de haber mejorado desde las últimas elecciones locales, siguen sin entender la necesidad de los pagos por anticipado para la contratación de artistas. Son carencias que tratan de compensar con micropatrocinios de bares y pequeñas marcas locales, pero no es suficiente. Todo esto deriva en que los propios miembros de Laika anticipen parte de la suma, toda una hazaña al reparar que la inversión en caché de artistas de este año asciende a 15.000 euros.

Más excepcional todavía es conseguir, con esa suma, la presencia de artistas como Young Beef, Exquirla, La Dame Blanche o Disciplina Atlántico. “Contactamos con los artistas más conocidos con mucha antelación, les explicamos nuestro proyecto, quiénes somos… Y muchos de ellos acceden a venir motivados por una iniciativa sin ánimo de lucro, por tratarse de un festival más vocacional”. En todo momento, Juan recalca que “no somos una promotora al uso”, lo que contrasta el propio cartel: “nuestra programación es coherente con lo que es Laika”, concreta Adri. “Queremos traer estilos distintos, acercar grupos nuevos y desconocidos a la gente, grupos que no vendrían de otra manera”, sigue. “Por una parte, un cartel tan ecléctico consigue atraer a más públicos pero, por otra,  también disuade a los más arraigados en cada género”.

Con todo, si el Tónal del año pasado consiguió reunir a 400 personas, este año Laika apunta a más de 600, aun con la incertidumbre de saber que la mayoría de las entradas se venden en puerta.

Lo fundamental es no perder de vista la coherencia y el espíritu con que surgieron hace ya once años: “como muy a menudo nos sugieren, podríamos  traer grupos más conocidos y hacer caja para invertir más adelante en otros eventos, pero esa no es nuestra manera de trabajar”, zanja Juan.

 

 

Comentarios
Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.

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