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Franco Batiatto

Vida en diagonal

 

Vidal Romero

Foto Alessio Pizzicamelila

 

 

Como mucha gente de mi generación, conocí a Franco Battiato a través de “Nómadas”, una recopilación de sus canciones más conocidas, regrabadas en español, que se publicó en 1986. La gracia de aquel tipo era difícil de entender a primera vista: alto y desgarbado, dotado de una gran nariz, bailaba de manera extraña y cantaba de manera aún más extraña (lo que le hizo blanco fácil para humoristas como Martes y Trece).

 

Y sin embargo, sus canciones poseían un encanto misterioso. Se pegaban a la oreja con asombrosa facilidad, a pesar de lo enrevesado de su producción, de sus letras crípticas y de su poco apego a las estructuras convencionales. Vuelvo a escuchar ahora esas canciones, treinta años más tarde, y me sigue maravillando que media España pudiera cantar de memoria cosas como “Centro de gravedad permanente”, “Yo quiero verte danzar” o “Perspectiva Nevskj”. ¿A quién se le podía ocurrir, maldita sea, titular así una canción?

 

 

Mi auténtica pasión por Battiato, sin embargo, llegó mucho tiempo más tarde, cuando por casualidad cayó en mis manos una copia de “Fetus” (71), su segundo disco. Y es que, lejos del pop alambicado y cubista con el que se haría famoso, allí dentro latía una música que estaba a medio camino entre el rock progresivo y la experimentación electrónica. Una combinación que otros habían explorado con anterioridad, pero que en sus manos adquiría una dimensión única, en la que se mezclaban melodías encantadas con extravagantes fanfarrias analógicas, teclados llevados al límite con guitarras de espíritu folk, textos confesionales y poéticos con ritmos de aire primitivo. Por usar las palabras del cantante de Hot Chip, Alexis Taylor, que lo considera uno de sus discos favoritos, aquella era “una manera muy original de describir el lugar que ocupamos en el mundo. Pero no como lo haría el típico cantautor confesional; lo suyo era más bien como mezclar la visión pop experimental de Brian Wilson con la personalidad de Jim O’Rourke, o de algún otro músico underground del Chicago de los noventa”.

 

 

Battiato seguiría explorando esa visión única a lo largo de los setenta, con discos tan recomendables y aventureros como “Pollution” (72), “Sulle corde di Aries” (73) o “L’Egitto prima delle sabbie” (77), títulos que suelen escapar al radar de sus seguidores habituales debido a su aparente hermetismo y su voluntad aventurera. Mal asunto, porque la escucha atenta revela gestos y recursos que el siciliano ha ido utilizando a lo largo de su etapa más “convencional” (si es que ese adjetivo se puede utilizar en el caso del cantante siciliano), como su afición a enterrar las melodías en el interior de pasajes atmosféricos, o la particular manera que tiene de construir los ritmos. Una realidad de la que el propio Battiato debe ser consciente, porque desde hace algunos años suele introducir en sus conciertos una parte dedicada a recuperar esas canciones primerizas, adaptadas a estos tiempos digitales en los que vivimos. Incluso ha inventado un nuevo proyecto a sus setenta años, el Joe Patti’s Experimental Group, en el que recupera a colaboradores de esa época, como Pino “Pinaxa” Pischetola o Carlo Guaitoli, y que ya ha publicado un disco de título homónimo, en el año 2014.

 

 

Guaitoli, por cierto, es uno de los músicos que le acompaña en su nueva gira española, que arranca en Málaga el día 13 de julio, y que pasará también por Madrid, Cartagena, Peralada y A Coruña. En el cartel también se anuncia la presencia del Novo Quarteto Italiano, lo que sugiere que los conciertos podrían tener en esta ocasión un espíritu más intimista y recogido. Aunque, tratándose de un personaje tan poco dado a las convenciones y los lugares comunes, cualquier cosa es posible.

 

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Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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