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Cliff Martínez

The Knick y el bisturí sónico

 

Guillem Pérez

 

Hace pocos meses tuve la suerte de escribir por primera vez un artículo en una revista digital. Quería escribir sobre la realidad política y, ¡oh, sorpresa!, me vi escribiendo sobre música y nuestro contexto sociopolítico actual. Pero siempre llega la excepción. ¿Qué pasa cuando te ha hipnotizado una obra musical y no hay manera de meterle la política o la reflexión sobre la actualidad ni entre los silencios entre piezas?

 

Entonces tiras de agenda y lo primero que buscas es un rinconcito en una publicación que, personalmente, te haya servido para descubrir música y sus dimensiones más recónditas. Y aquí me encuentro con el objetivo de compartir con todos los lectores una banda sonora que se come la serie a la que acompaña, o esto es lo que me pasa a mi. Hablo de la obra de Cliff Martínez, que ilustra el drama médico ambientado en los primeros albores del siglo XX y que está brillantemente dirigida por Soderbergh. Sí, hablaré de “The Knick”, una serie que estaba destinada a retratar la evolución socio-tecnológica de la humanidad durante la primera mitad del siglo XX a través de la historia de la medicina y que hace un mes Variety anunció su cancelación a pesar de que Cinemax reconociera las buenas críticas y la excelente labor de Soderbergh y su equipo.

 

 

Lo habíamos visto en otros casos como en “Carros de Fuego”, “Maria Antonieta” o “Plunkett & Macleane” (quemar “Destino de Caballero” con Heath Ledger después de leer, gracias). Pero hay algo de único en esta banda sonora. Daré primero algo de contexto, aunque sea por aquél dicho filosófico que todo texto sin contexto es puro pretexto. Imaginaos sentados en vuestra casa, tranquilos, con una copa en la mano y un set completo de altavoces electrostáticos Martin Logan de 6.000 euros reproduciendo en altísima fidelidad "Que me coma el tigre" cuando, de repente, el abrupto teléfono rompe el momentazo y sí, llega el Tigre Soderbergh al otro lado del aparato. Eso mismo le pasó a Martínez. Descuelga y automáticamente suelta un: "Hombre, Steve, ahora estaba escuchando la banda sonora de "Sex, Lies and Videotape". ¿Qué te cuentas?”. Y el joven director de Atlante, con esa complicidad que un día tuvo Greenaway con Nyman, le cuenta su nuevo proyecto.

 

Su colaboración está más que probada pues son ya doce los encargos que le ha hecho el director. Hasta que empezaron el idilio, consultando cualquier biografía, veréis que sus inicios se centran en su paso por Red Hot Chili Peppers y Captain Beefheart como batería. Desde ese momento, lleva ya 25 años trabajando codo con codo con importantes directores de cine indie como Steven Soderbergh, Harmony Korine y Nicolas Winding, creando siempre atrevidas y ambientales partituras que suenan definitivamente a "él". Con “The Knick”, Martínez se apunta la doceava colaboración con  Soderbergh.

 

Como ya había pasado antes en anteriores películas de época (“Kafka” y “El rey de la colina”), a ninguno de los dos pareció importarle que la banda sonora respetara la historicidad del film, exceptuando algunas piezas para ayudar a los espectadores en la inmersión temporal. Es evidente que la confianza entre los dos creadores existe y no hay una intención en limitar la banda sonora a una obra concreta que haya gustado con anterioridad a los espectadores.

 

 

Así, “Sexo, Mentiras y cintas de vídeo” es electrónica minimalista y ambiental y “Kafka” busca su raíz en el folk de Europa del Este. Libertad de creación y confianza. Para “The Knick”, Martínez se puso manos a la obra y nos plantea esta banda sonora que sintoniza a la perfección con los momentos de revolución tecnológica que vivía el mundo durante el cambio del siglo anterior y, más concretamente, de los Estados Unidos post-Victorianos. Rayos X, electricidad, éter etílico, heroína, medicina nuclear, coches (eléctricos), cinematógrafos, metro, gasolina... todas estas irrupciones casan a la perfección con la electrónica de aire primigenio.

 

Sin más, os dejo con tres piezas de las dos primeras temporadas. El show debería haber tenido seis, articuladas de dos en dos para cubrir distintos arcos narrativos situados (según se decía en foros y entrevistas) en distintos momentos históricos separados de veinte en veinte años. Hubiera sido interesante ver si Martínez introducía alguna variación en las siguientes temporadas.

 

Las piezas escogidas son una buena demostración de cómo el compositor se centra en los personajes y su vivencia interna, Ilustrando el motor interno del personaje, lo que los espectadores solo vemos en forma de acciones. Eso mismo pasaba en la BSO de “Drive” y funcionó a las mil maravillas: las piezas (y sus letras) hablaban por los personajes, casi sin líneas de guion.

 

I’M IN THE PINK

Dejadme compartir memorias auditivas y sensaciones mientras suena. Llegamos al segundo 50 y aparece este arpeggio que refresca igual que en “Pagan Poetry” de Björk (“Vespertine”, 2001) cuando la polifónica y suave “Undo” se convierte en disonante, distorsionado, saturado, dejando un recuerdo agridulce, casi ácido después de los minutos previos, de dulzura coral. Y el nexo que conecta las dos canciones ocurre gracias a ese arpegio de arpa que nos conecta con la memoria cultural de musas, poesía y lo antiguo. En esta primera pieza de Martínez nos encontramos un arpegio que nos desconecta de la misma forma. Empezamos con un ostinato con graves que recuerda esos sintetizadores que enamoraron a Martínez.

 

SON OF PLACENTA PREVIA

Se me vienen muchas referencias a la cabeza, pero quiero aprovechar para rescatar una intro de una serie que fue cancelada en su primera temporada: “Rubicon”. Su apertura la firmaba Peter Nashel y de él y sus trabajos (Duotone Audio Group) cabe destacar esta voluntad explícita de mezclar instrumentos con electrónica siempre que la atmósfera consiga ser inequívoca. Como otro referente me llega el “1994” de Maud Geffray y en la delicadeza de marcar el fin de la pieza (y de la cirugía y aliento de la mujer intervenida durante su parto) no puedo dejar de pensar en esa etereidad de “Frosti” (“Vespertine”), de Björk, o de la banda sonora de “Spring Breakers” (2013) en la pieza, también de Cliff Martínez, “It’s a Video Game”.

 

 

GOODNIGHT NURSE ELKINS

Esta tercera y última pieza que he querido destacar es precisamente porque lo tiene todo. Atmosférica, sonido de cristal, electrónica, instrumentos y ambiente, con esa pequeña melodía que vuelve y vuelve para que la enfermera Elkins se sumerja en la droga del burdel oriental.

 

De la segunda temporada destaco otras de tono más experimental para quienes quieran seguir cómo ha progresado esta banda sonora hacia lo experimental y otros estilos más eclécticos: Desde “Most Contagious Thing on Earth” (sonido calypso, Metal Drums, El Aphex de “Drukqs”) pasando por “I Set Her Up Again” (música concreta, arpa de cristal), “Your One Woman Crusade is Over” (Fennesz), “Speight Lived Here” (el “Clockwork” de Deadmau5 o la BSO de “Rubicon” de Peter Nashel), o “Pig Thermometer” (Kraftwerk).

 

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