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Seamos francos, 2016 no pasará a la historia por ser un gran año discográfico, y mucho menos por ser un año alegre. Marcado por la desgracia, encontramos muchos discos en el top 40 valorados por el pesar de la perdida, como los últimos trabajos de David Bowie y Leonard Cohen, o la última obra de Nick Cave & The Bad Seeds. Pero también ha sido un años para alegrarse un poco, sobre todo en el hip hop, soul y el R&B, que nos ha regalado discos como el de Beyoncé, Chance The Rapper, Solange, Michael Kiwanuka, Kanye West, Kendrick Lamar o A Tribe Called Quest, y todo eso sin contar el despesque de la poetry rap de la poderosa Kate Tempest. Año, también de retornos imperecederos del rock y el pop como Bob Mould, Drive-By Truckers, Swans, Lambchop, PJ Harvey o Radiohead y un buen año electrónico (coronando el puesto primero) entre los que destacamos a Death in Vegas, Rebolledo, Raime, Andy Stott, Jenny Hval, Plaid, Nicolas Jaar o Roly Porter. Pasen y lean. Pasen y escuchen. Pasen y vean: los mejores discos internacionales de 2016.

 

Puedes ver los diferentes discos de la lista haciendo click encima de los números de aquí abajo.

 

 

Seamos francos, 2016 no pasará a la historia por ser un gran año discográfico, y mucho menos por ser un año alegre. Marcado por la desgracia, encontramos muchos discos en el top 40 valorados por el pesar de la perdida, como los últimos trabajos de David Bowie y Leonard Cohen, o la última obra de Nick Cave & The Bad Seeds. Pero también ha sido un años para alegrarse un poco, sobre todo en el hip hop, soul y el R&B, que nos ha regalado discos como el de Beyoncé, Chance The Rapper, Solange, Michael Kiwanuka, Kanye West, Kendrick Lamar o A Tribe Called Quest, y todo eso sin contar el despesque de la poetry rap de la poderosa Kate Tempest. Año, también de retornos imperecederos del rock y el pop como Bob Mould, Drive-By Truckers, Swans, Lambchop, PJ Harvey o Radiohead y un buen año electrónico (coronando el puesto primero) entre los que destacamos a Death in Vegas, Rebolledo, Raime, Andy Stott, Jenny Hval, Plaid, Nicolas Jaar o Roly Porter. Pasen y lean. Pasen y escuchen. Pasen y vean: los mejores discos internacionales de 2016.

 

Puedes ver los diferentes discos de la lista haciendo click encima de los números de aquí abajo.

 

40-21

40 Justice “Woman” (Ed Banger)

 

 

39 Cavern of Anti-Matter “Voice Beats / Invocation Trex” (Duophonic)

 

 

38 Gnod “Mirror” (Rocket Recordings)

 

 

37 Beyoncé “Lemonade” (Parkwood)

 

 

36 Alex Cameron “Jumping the Shark” (Crawfish)

 

 

35 Bob Mould “Patch the Sky” (Merge)

 

 

34 Xenia Rubinos “Black Terry Cat” (Anti-)

 

 

33 Roly Porter “Third Law” (Tri Angle)

 

 

32 Drive-By Truckers “American Band” (ATO)

 

 

31 Summer Flake “Hello Friends” (Rice is Nice)

 

 

30 Jóhann Jóhannsson “Orphée” (Deutsche Grammofon)

 

 

29 Plaid “The Digging Remedy” (Warp)

 

 

28 Jenny Hval “Blood Bitch” (Sacred Bones)

 

 

27 The Radio Dept. “Running out of love” (Labrador)

 

 

26 Raime “Tooth” (Blackest Ever Black)

 

 

25 Car Seat Headrest “Teens of Denial” (Matador)

 

24 Cass McCombs “Mangy Love” (Anti-)

 

 

23 Weezer “Weezer” (Crush Music)

 

 

22 Chance the Rapper “Coloring Book” (Autoeditado)

 

 

21 Rebolledo “Mondo Alterado (Hippie Dance)

 

 

20-11

 

20

Whitney

Light Upon the Lake

Secretly Canadian

 

 

 

 

19

Death in Vegas

Transmission

Drone

 

 

 

18

Sturgill Simpson

A Sailor’s Guide to Earth

Atlantic

 

 

 

 

17

Kanye West

The Life of Pablo

G.O.O.D. Music

 

 

 

16

James Blake

The Colour in Anything

Polydor

 

 

 

15

Andy Stott

Too Many Voices

Modern Love

  

 

 

14

Swans

The Glowing Man

Young God

  

 

 

13

Bon Iver

22, A Million

Jagjaguwar

 

 

 

12

Lambchop

FLOTUS

Merge

 

 

 

 

11

Solange

A Seat at the Table

Columbia

 

 

10

 

10

Radiohead

A Moon Shaped Pool

XL

 

A Moon Shaped Pool” es un trabajo revisionista que nos sirve para rellenar huecos en la evolución de la banda. Una muestra de todo aquello que no les dejaron publicar, o que no estaba suficientemente trabajado para ver la luz, que nos permite entender porque Radiohead es una de las mayores influencias musicales para tantos durante los últimos 25 años. Un disco lento, largo y uniforme que hay que tomar con mucha calma, digerir unas cuantas veces al estilo rumiante y acompañar de un trago o dos, para identificar los mil matices que contiene. Pau Navarro

 

 

 

9

 

09

Kendrick Lamar

Untitled Unmastered

Top Dawg

 

 

En “untitled unmastered.”, como en la discografía entera de Kendrick Lamar por ahora, convergen diversas fuerzas que se complementan, matizan, discuten e incluso oponen. Si en "The Life of Pablo" Kanye West solía disociarlas en canciones casi antagónicas, que daban a su disco un aire escindido, al borde de lo esquizofrénico, y una notable y en ocasiones inasible diversidad sonora y tonal, Kendrick Lamar las pone a convivir y las examina cerebral e inclementemente, saltando —a veces de modo desconcertante, sin reparar en ambigüedades— entre voces narrativas, y consiguiendo así una obra de interiores, implosiva, oscurantista y voluntariamente inhibida. Marc García

 

 

8

 

08

Leonard Cohen

You Want it Darker

Columbia

 

“You Want it Darker” es Leonard Cohen quintaesenciado, sin aditivos ni excedentes: es un álbum exacto, cristalino, una de sus colecciones de canciones más regulares y mejor formalizadas, más directas, delicadas, hermosas, sugerentes; un disco de madurez que es a la vez síntesis y ahondamiento creativo; una despedida perfecta si no transparentara un estado de forma tan impecable que parecía casi imposible de interrumpir. Pero poco después de su lanzamiento tuvimos que despedirnos con amargura del maestro una fría mañana de noviembre. Marc García

 

 

7

 

07

Michael Kiwanuka

Love & Hate

Polydor

 

Cuatro años de espera, cuatro años ansiando escuchar nuevas canciones de este talento sobrenatural, cuatro años madurando un discurso menos intimista, mucho más furioso en cuanto al concepto musical, y con letras que hablan de un mundo de blancos dominado por negros. “Love & Hate” es soul con músculo y rock con aroma a algodón de azúcar, con las señas de identidad de Hendrix, y la báscula equilibrada entre lo tierno y lo salvaje. Toni Castarnado

 

 

6

 

06

David Bowie

Blackstar

Columbia

 

 

Con su muerte, cualquier intento de valoración objetiva de “Blackstar" se torna imposible. En cierto modo, el último trabajo de David Bowie es como esas cartas que se envían con la indicación de no ser abiertas hasta después de la muerte del remitente para proporcionar impunidad y, sobre todo, libertad al autor de la misiva. Sólo que con Bowie esa precaución no era necesaria: muchas veces hizo uso de la libertad suprema de los artistas, aunque en los últimos (¿veinte?) años se hubiera vuelto calculador, algo copión (con buen gusto) y siempre a medio camino entre el inconformismo y la indecisión. Half Nelson

 

 

5

 

05

PJ Harvey

The Hope Six Demolition Project

Island

 

 

“The community of hope” nos pone en antecedentes, dos minutos y medio concisos, abruptos, en “The ministry of defense” tensión controlada que explota en el tramo final con aires de revancha. “River Anacostia” es una sacudida emocional tenebrosa, con apuntes de blues y gospel 2.0 en la era de las redes sociales, mientras que en “Near the memorials to Vietnam and Lincoln”, a pesar de su mensaje contundente el tono es conciliador. En cuanto a “The Wheel”, no hay mucho más que decir: será otro clásico de su repertorio, obviamente ahora y también en un futuro. En definitiva, “The hope six demolition project” no es un disco tan cohesionado y valiente como su exitoso predecesor, pero mantiene las constantes vitales de aquél, seguramente irá a más con el paso del tiempo, cuando ya no se estime como importante el factor sorpresa, y si no da otro giro estilístico muy brusco más adelante, podremos hablar de una etapa que la definirá más aún como artista, y tal vez como persona. Sigue reinando. Toni Castarnado

 

 

4

 

04

Nick Cave & The Bad Seeds

Skeleton Tree

Bad Seeds Ltd

 

Con su recepción marcada (y, hasta cierto punto, mediatizada) por el signo de la tragedia alrededor de la que se ha fraguado el disco, es fácil leer “Skeleton Tree” como un palimpsesto repleto de alusiones a la inmensidad de la pena: una pena tan negra, inmaculada y omniabarcadora como la del continente del disco (su esencialista e ilustrativo diseño de carátula) y la que sirve de combustible para al menos parte de su contenido. Marc García

 

 

3

 

03

Kate Tempest

Let Them Eat Themselves

Ninja Tune

 

Una serie de personajes anónimos, que están despiertos de madrugada mientras la noche de Londres resuena con la fuerza de una tormenta, sirven a Kate Tempest como eje argumental alrededor de que ir trenzando toda una serie de reflexiones acerca de los usos, costumbres, miedos y distopías de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Reflexiones que pueden parecer intimistas a primera vista, pero que en realidad hablan de alienación, soledad y aislamiento, de capitalismo, migraciones y opresión urbanística. Reflexiones que vienen acompañadas por una impresionante banda sonora, que salta del pop al grime y del hip hop al experimento, que recorre a su manera los meandros del continuum rave y de la bass music, hasta dar forma a un “Let them eat chaos” que es mucho más que un disco: es un reflejo del zeitgeist actual, atrapado en el interior de un groove infeccioso. Vidal Romero

 

 

2

 

02

A Tribe Called Quest

We Got It from Here…

Thank You 4 Your Service

Epic

 

“We Got It From Here... Thank You 4 Your Service” está lleno de grandísimas canciones, algunas de ellas, de las mejores que Q-Tip y los suyos hayan grabado nunca, como “We The People…” (con lagrimita en el momento de la aparición de Phife Dawg), “Dis Generation” (con un Busta mejor que nunca), “Whateva Will Be” (tremendísimo retorno a los orígenes), “Melotonin” (y sus aires R&B tan modernos), “Mobius” (tan Costa Este y jazzie), “Lost Somebody” (psicodélica e intensa), “Moving Backwards” (preciosa y muy neoyorquina) o esa penúltima “Ego” que flota por encima de toda su discografía con esos samplers de jazz tan bien jugados. Esto es un retorno, coño, y no lo de los Pixies. Volver 17 años después y firmar uno de los discos de 2016 sólo está al alcance de cuatro auténticos genios de la música. Manu González

 

 

1

 

01

Nicolas Jaar

Sirens

Other People

 

 

Con su primer disco largo, “Space is only noise” (2011), el productor Nicolas Jaar dio forma a un universo particular, que situaba en su centro de gravedad un conjunto de moléculas perfectamente reconocibles como house, pero que luego hacía girar a su alrededor todo tipo de fragmentos sonoros, que al colisionar entre sí provocaban giros y mutaciones inesperadas; breves fogonazos titilando en un espacio que, a pesar de lo que prometía el título del disco, cedía gran parte del protagonismo a los silencios y los vacíos. Nacido en Chile, criado en Nueva York, Jaar se manejaba con esa soltura esquiva que suelen poseer los expatriados, utilizaba de manera inusual una amplia paleta de referencias (del downtempo al jazz, del drum’n’bass al soul, del pop a la IDM), y eso provocaba aún más extrañeza a la peculiar música de las esferas que estaba proponiendo. Una música que, más que compuesta, parecía surgir mediante frotación liminal entre sus distintos elementos. Una música que carecía de estructuras y jerarquías aparentes, pero que sin embargo se podía llegar a bailar, estaba teñida por grandes dosis de romanticismo y sensualidad y, aún más importante, iba trazando un gran arco narrativo a lo largo de todo el disco.

 

Publicado cinco años después, “Sirens” es a la vez una actualización de esa manera de hacer música y una criatura completamente distinta. Una aparente contradicción, en la que tiene mucho que ver la progresiva inmersión en la psicodelia que el productor ha vivido en todo este tiempo: por un lado, a través de Darkside, ese proyecto que compartía con el guitarrista Dave Harrington y que trasladaba el legado de los Pink Floyd más mercuriales –los de la época “Ummagumma” (1969)- al terreno de un ambient viscoso y de bordes difusos. Y por otro, mediante “Nymphs”, una serie de maxis en los que su manera de construir los ritmos (habitualmente al borde del coma) se solidificaba, las melodías se hacían mucho más tangibles y la presión atmosférica crecía de manera exponencial.

 

Sirens” certifica esa evolución ya desde el principio: “Killing time” es una pieza de carácter urbano y nocturno, a medio camino entre el ambient impresionista y la torch song, en la que se suceden ruidos disonantes (esos cristales rotos con los que comienza), pasajes melancólicos de piano, detritos digitales y voces de apariencia fantasmal. Elementos que se superponen en el espacio de manera sorprendentemente armónica y sutil (una escucha con cascos revela la importancia que tienen aquí los distintos planos de fondo), creando un marco en el que los géneros se funden sin solución de continuidad. Una actitud en la que inciden los dos temas siguientes, cada uno a su manera: “The governor”, una rodaja de rock’n’roll clásico pasada por un filtro de drum’n’bass y ribeteada con arreglos de jazz y neoclásica, y “Leaves”, que retorna al ambient entre interferencias electrónicas, mantos atmosféricos y grabaciones de campo domésticas. “No”, justo después, supone un nuevo cambio de timón: una especie de cumbia electrónica, construida alrededor de una letra que habla sobre el Chile de la dictadura (y que resulta tristemente contemporánea al momento político que vivimos en España), en la que gobiernan los cambios de intensidad, en la que se superponen motivos telúricos y alta tecnología en delicada simetría. Llega entonces “Three sides of Nazareth”, otra suite que va saltando entre estilos (comienza en un tono de rock psicótico, se pierde después entre interludios ambientales, deja caer de manera casual fraseos de piano clásico y termina enredada entre ecos de avant-pop), y que desemboca en “History lesson”, una miniatura en clave de soul desestructurado que pone el perfecto punto final a un disco tan rico detalles y capas que sigue regalando sorpresas después de muchas escuchas. Un disco que, como decíamos más arriba, continúa el camino abierto con “Space is only noise”. Y es que, si el Jaar de 2011 era evanescente y esquivo, el de 2016 es denso y agresivo, pero en los dos casos persigue el mismo objetivo de alquimista: fusionar elementos de naturaleza diversa para extraer a cambio canciones de una belleza diamantina. Vidal Romero

 

 

Redacción

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