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Monkey Week

Una ciudad bajo la influencia

 

Vidal Romero

 

De primeras suena un poco pretencioso, pero confieso que sería incapaz de encontrar un eslogan más apropiado que el que ya utiliza el Monkey Week, “La ciudad de la música”, para describir las hechuras y el espíritu de un festival que es atípico en todos sus aspectos. Sobre todo en cuanto al formato, porque lejos de acotar un recinto cerrado con dos o tres escenarios, prefiere disgregar todas sus actividades entre una docena larga de espacios y locales que, en casi todos los casos, se transforman para poder alojar los conciertos, las charlas y los puestos de feria que conforman el invento.

 

Es por esa razón que El Puerto de Santa María parece, al menos por un fin de semana, una ciudad bajo la influencia: las calles del centro se llenan de músicos de todo pelaje, que van arrastrando instrumentos de aquí para allá; de gentes con todo tipo de pintas, que preguntan a los lugareños como llegar a tal o cual sitio, y que en ocasiones terminan por acomodarse en algún bocoy, a escuchar las historias del vaporcito que relata algún anciano entrañable. Es así como bares y tascas de toda la vida hacen sitio entre cajas de refrescos y barriles de cerveza, para improvisar escenarios en los que todo tipo de bandas –recién llegados, pero también perros viejos– se suben a darlo todo.

 

Y es que, tal vez sea porque el espíritu gremial se palpa aquí con mucha más intensidad que en otros festivales –el aforo reducido, el carácter “íntimo” de muchos de los escenarios y el hecho de que mucho del público esté relacionado con la música o la industria, tienen mucho que ver en esto–, el caso es que resulta relativamente sencillo ver buenos conciertos en el Monkey Week. Y también resulta relativamente fácil ver escenas pintorescas: músicos de postín improvisando en alguna esquina, para inventar una colaboración sobre la marcha; camareros que hacen equilibrismos para servir una ronda de cervezas y un plato de chocos en mitad de una actuación; turistas que se arremolinan para ver como un señor se desgañita desde lo alto de una terraza; actuaciones acústicas acompañando la ingesta de una buena berza gaditana: todo es posible en la ciudad tomada.

 

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La quinta edición del Monkey Week, que se celebrará entre los días 31 de octubre y 2 de noviembre, no trae grandes novedades en cuanto al funcionamiento, pero sí algunos ajustes de interés. La feria y las jornadas profesionales se trasladan a ese marco incomparable que son las Bodegas de Mora (donde también habrá bandas tocando, por supuesto, que no todo es discutir y negociar), y eso permite recuperar el Teatro Pedro Muñoz Seca como escenario para propuestas necesitadas de sutileza: cosas como Josephine Foster, León Benavente o The Milkiway Express. También para Lorena Álvarez y su Banda Municipal (en la foto de abajo), auténtica triunfadora de la pasada edición –en gran medida por los pasacalles que improvisó a lo largo del fin de semana–. La Plaza de Alfonso X sigue siendo el lugar donde se aposenta el único escenario al aire libre; ese lugar en el que se celebra el Desencaja, el particular concurso para nuevas bandas, que en ediciones pasadas sirvió de trampolín para tipos como Pony Bravo, Guadalupe Plata o I Am Dive –este año la competición estará reñida, con bandas como Tentudía, Algunos Hombres o Aurora poniendo alto el listón–. Y no estarán sólos: Ledatres, Son & The Holy Ghost o La Inesperada Sol Dual ayudarán a completar una programación que, sólo en ese escenario, se alarga durante doce horas.

 

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Y es que, pretender enfrentarse a la programación del Monkey Week con ciertas garantías, exige llegar a la cita en buen estado de forma. Más allá de la fiesta de inauguración (que este año corre por cuenta de Guadalupe Plata, encargados de cerrar un cartel en el que también están Los Hermanos Cubero, The Legendary Tigerman y Little Cobras), el festival reparte más de 150 conciertos entre una docena de escenarios. Un tour de fuerza repleto de paradas sabrosas (demasiado numerosas como para citarlas aquí), y cuyo plato principal está en la sala Mucho Teatro: el espacio en el que The Posies –que interpretarán los míticos “Frosting on the beater” (93) y “Amazing disgrace” (96) con sus respectivas formaciones originales– y The Damned, acompañados de bandas como Chucho, GAF y la Estrella de la Muerte o Miraflores, pondrán un acento veterano a cada una de las dos jornadas.

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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