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internacionales2014B

 

Todavía nos faltan varias listas de música por entregar pero hemos querido finiquitar el tema disco antes que nada. Así que después de discos nacionales y singles/EPs, le toca el turno a los mejores discos internacionales de este 2014. Un año que ha tenido un triple empate entre los tres primeros discos de la lista (el desempate se soluciono por posiciones), cosa que demuestra que este año se han publicado muchos discos buenos, pero no ha habido un claro favorito (por lo menos para nuestro redactores). Pero como sólo puede quedar uno (como decía aquella película con banda sonora de Queen y protagonista bizco), pues nada mejor que la frescura de la juventud y el soul futurista para coronar este año. Como siempre, podrían haber sido muchos más de veinte, y en las puertas de la lista se quedaron discos tan importantes de este 2014 como los de Downliners Sekt, Jane Weaver, Scott Walker & Sunn O))), Future Islands, Roll The Dice, Sleaford Mods, Spoon, Actress, Cassie Ramone, Liars, The Bug, Vasthi Bunyan, How To Dress Well, Marc DeMarco, Real Estate o Perfume Genius

 

Puedes ver los diferentes discos de la lista haciendo click encima de los números de aquí abajo.

 

internacionales2014B

 

Todavía nos faltan varias listas de música por entregar pero hemos querido finiquitar el tema disco antes que nada. Así que después de discos nacionales y singles/EPs, le toca el turno a los mejores discos internacionales de este 2014. Un año que ha tenido un triple empate entre los tres primeros discos de la lista (el desempate se soluciono por posiciones), cosa que demuestra que este año se han publicado muchos discos buenos, pero no ha habido un claro favorito (por lo menos para nuestro redactores). Pero como sólo puede quedar uno (como decía aquella película con banda sonora de Queen y protagonista bizco), pues nada mejor que la frescura de la juventud y el soul futurista para coronar este año. Como siempre, podrían haber sido muchos más de veinte, y en las puertas de la lista se quedaron discos tan importantes de este 2014 como los de Downliners Sekt, Jane Weaver, Scott Walker & Sunn O))), Future Islands, Roll The Dice, Sleaford Mods, Spoon, Actress, Cassie Ramone, Liars, The Bug, Vasthi Bunyan, How To Dress Well, Marc DeMarco, Real Estate o Perfume Genius

 

Puedes ver los diferentes discos de la lista haciendo click encima de los números de aquí abajo.

 

20

arca  

20

Arca

Xen

Mute

 

Arca ya ha añadido un paso más a su apetitosa carrera: su primer LP en formato largo, “Xen”, título que parece responder al alter ego del autor, la extraña criatura que se retuerce de (auto) placer en la portada del LP, detalle que no hace más que añadir una inquietante dimensión a los tracks aquí contenidos. Si la música de Arca produce desazón y una cierta incomodidad, el hecho de humanizarla, de llevarla más allá de la frialdad conceptual de, por ejemplo, Oneohtrix Point Never, multiplica ese efecto y añade significados a cada uno de los títulos y los sonidos del LP. Así, la diversidad estilística de “Xen” ya no puede entenderse como dispersión, sino como descripción de diferentes estados de ánimo o hasta como narración de una historia. Para poder yuxtaponer elementos en apariencia dispares, Ghersi parece componer más por texturas que por ritmos o géneros, así el tema que abre el disco, “Now You Know” contiene recuerdos tanto a Vangelis como a Oneohtrix Point Never, guiños orientales y hasta ramalazos del mismísimo Aphex Twin. En definitiva, Arca consigue que muchos de los sonidos de “Xen” no sean lo que parecen; consigue, amontonando elementos ya conocidos, provocar un nuevo tipo de escalofrío. Y eso es algo que siempre aplaudiremos. Half Nelson

 

19

Fennesz  

19

Fennesz

Bécs

Mego

 

 

Si existe un disco fundamental en la carrera de Fennesz, ese es sin duda “Endless summer” (01). Fue ese el título que le convirtió en una estrella subterránea, el que demostró que era posible introducir una cierta dosis de sensibilidad pop en el interior de aquel digitalismo radical que marcó el cambio de milenio; que era posible mezclar guitarras eléctricas con ordenadores y fabricar por el camino canciones de belleza cegadora. Trece años más tarde, el guitarrista austríaco vuelve a pisar territorios cercanos al pop con “Bécs”, una colección de canciones luminosa y asequible, que rinde homenaje a la ciudad de Viena y al sello en el que dio sus primeros pasos. Editions Mego lo vende como la “continuación conceptual” de “Endless summer”. Vidal Romero

 

18

Ryan-Adams  

18

Ryan Adams

Ryan Adams

PAX AM

 

 

Tres largos años después de aquel “Ashes & Fire” que, con diacrónica ironía, bien podría haber servido para titular esta reseña. Pero se trata de un disco homónimo, ojo, con todas las interpretaciones a que ello aboca (¿reencuentro? ¿declaración de intenciones? ¿subidón narcicista o quizá tropezón imaginativo?), y su primer fogonazo, “Gimme Something Good”, introducido por un riff de los de toda la vida y los teclados de Benmont Tench, se despliega gloriosamente a través de la senda que encumbró, por ejemplo, ya que venimos de citar a uno de sus Hearbreakers, a Tom Petty: rock de ayer que parece recién salido del horno, la tradición esgrimida desde la ejecución personal e intransferible. Ocho piezas más tarde, en “I Just Might”, Adams se deja poseer manifiestamente por el “Nebraska” de Springsteen. Y vuelve a bordarlo. Tal y como durante el camino ha flirteado con las atmósferas New Wave en “Stay With Me” y “Trouble” –¿era aquí donde iba a rendir homenaje a The Smiths? ¿no mentó también a la Velvet? ¿o esa voluntad se extravió en unas sesiones de grabación que (de momento) no han llegado a buen puerto?–. Tanto da, tampoco hay necesidad de caer en el tratado de Adamsología. Porque, una vez más, guiños y fijaciones al margen, el núcleo de cada tema es uno, por muchos detalles en que se descomponga, y llega a palpitar a la temperatura de la lava en los magníficos “My Wrecking Ball” (así, tal cual, como si lo de Miley no hubiera existido), “Feels Like Fire”, “Tired of Giving Up” y “Let Go”, cortes sencilla y geológicamente atemporales. Milo J. Krmpotic'

 

17

Lee-Gamble  

17

Lee Gamble

Kooch

PAN

 

 

Cuando usar todo tipo de maquinaria analógica, vintage o no, es tendencia, resultan refrescantes las propuestas que solo son posibles gracias a la magia digital. Sonidos y texturas imposibles llevados a la realidad, no por obra y gracia de la matemática de un plug-in, sino de la imperfección de un patch de Max o una secuencia de código de SuperCollider “hechos a mano”, si se me permite la expresión. "Koch" es un trabajo de texturas y sonidos inventados en que el plano general es tan importante como el plano detalle. La música de Lee Gamble está hecha para ser escuchada con atención, enfocar, desenfocar y hacer zooms de alta definición en paisajes abstractos de múltiples dimensiones. Antònia Folguera

 

16

damon-albarn  

16

Damon Albarn

Everyday Robots

Parlophone

 

 

Parece mentira, pero los cuarenta le están sentando muy bien a algunas estrellas de los noventa, pues parece que se hayan puesto de acuerdo en este 2014 para publicar sus obras más personales y confesionales. Si Half Nelson nos narró en estas mismas páginas (virtuales) las bondades de los trabajos de Beck Hansen en "Morning Phase" y Mark Oliver Everett (Eels) con "The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett", un servidor ha decidido enfrentarse al primer trabajo realmente "serio" en solitario del cantante de Blur: Damon Albarn. Me imaginaba este nuevo trabajo de Albarn como una mezcla imposible entre su disco de iPad de Gorillaz, los trozos más pop de "Dortor Dee", el rollito africano de "Mali Music" y el dub de The Good, The Bad & The Queen, pero me he encontrado con un disco más melancólico y triste con solo "Mr Tembo" (dedicada a una cría de elefante, sí) como tema más alegre de un disco de doce temas que tiene la minisinfonía de amor y drogas "You & Me" (dos temas unidos en uno solo, a lo Drake y Timberlake style) como momento más álgido, una de las mejores composiciones de Damon Albarn de toda su historia. "Everyday Robots" es un disco repleto de grandiosos momentos. Desde esos canciones del Albarn más melancólico como "Hostiles" o "Hollow Ponds", el trip hop subterráneo más Gorillaz de "Lonely Press Play" o esos estribillos tan puramente albarnianos en "The Selfish Giant" o "Photographs (You Are Taking Now)". Manu González

 

15

Hookworms  

15

Hookworms

The Hum

Weird World

 

 

Publicado un año y medio más tarde, “The Hum”, continúa justo donde se quedó Pearl mystic”, uno de los mejores álbumes internacionales de 2013. Las canciones repiten esa misma mezcla alquímica entre órganos obsesivos, drones circulares, ritmos, monolíticos y guitarras emponzoñadas; las voces siguen sepultadas bajo capas y más capas de feedback, y hasta existen varios interludios ambientales, que cosen entre sí esas canciones, y que se titulan “iv”, “v” y “vi”, reforzando aún más esa idea de que estamos ante una segunda parte de “Pearl mystic”. Las diferencias, en realidad, residen en la producción, que es mucho más clara y definida, que incluso permite diferenciar los distintos instrumentos dentro de la enorme bola de ruido que todo lo llena (se nota que tienen más medios ahora que están en Weird World, el subsello de Domino dedicado a la psicodelia, el dream pop y la cosa rara), y en un mayor control de las intensidades, algo que se puede ver en pistas tan redondas como “Beginners”, “On leaving” o la ya conocida “Radio Tokyo”, tres singles que golpean en el estómago con furia, pero con guante de seda. Son los mimbres de un disco al que se le puede tachar de continuista y poco original, de acuerdo, pero que tiene la consistencia y la jugosidad de una buena paletilla ibérica. Y ya se sabe que una buena paletilla ibérica nunca se debe despreciar. Vidal Romero

 

14

Ty-Segall  

14

Ty Segall

Manipulator

Drag City

 

El ciclón de rock y delirios identitarios que ha organizado Ty Segall con su último disco posee un encanto irrenunciable. Guitarras rítmicas dominando todas las secuencias del cancionero, voces a medio camino entre lo rudo-arrastrado y el falsetto agudísimo, teatral, más unos trotes de batería que marcan el paso definitivo hacia la trascendencia ligera: esas son las señas de identidad de un disco de rock confiado, cómplice y un punto cómico, que expande sus horizontes hasta lo impensable, partiendo de la mirada al retrovisor, y desplegando a cada corte rasgos de autenticidad, además de voluntad por el exceso. El último giro sónico del de San Francisoco consuma una sentida revisitación de sonidos añejos, y mezcla la soberbia del pulso eléctrico con cierta huella acústica, en una simbiosis álgida a más no poder, capaz de levantar de la silla al más distraído. Cuando prenden melodías, fraseos y punteos como los de "Feel" o "It's over", uno se da cuenta de que fuegos así no hay quien los apague. Mejor lanzarse a las llamas, porque no hay verso que no nos arañe, ni estribillo que no abrase la piel. Albert Fernández

 

 

 

13

Grouper  

13

Grouper

Ruins

Kranky

 

 

La vestimenta escogida, como corresponde a un material tan íntimo y tan crudo es parca: tan sólo un piano de pared y la voz, ambos capturados con un micrófono y una grabadora de cuatro pistas. Una instrumentación que es inusual en la cantante de Portland –que suele utilizar guitarras, pedales y loops de cinta–, pero que resulta del todo familiar, que viene tocada por esa neblina fantasmal que es la marca de la casa. Y es que Harris es de esas artistas que se pasan la vida dando la vuelta a una misma canción; eso sí, una canción tan grande que bastaría para llenar un universo entero. Las tripas de “Ruins” están llenas de variaciones de esa gran canción, pequeñas viñetas de belleza fantasmal y desvaída, que caen sobre el oyente a tumba abierta y le desarman por completo. Canciones de una asombrosa cercanía (en ciertos momentos se llegan a escuchar los golpes de la respiración), que se crecen aún más cuando se escuchan en su conjunto, y que a pesar de la tristeza que desprenden están bañadas en una extraña luminosidad; dispersos rayos de sol que atraviesan tímidamente las brumas que lo envuelven todo, que permiten adivinar una cierta esperanza al final del viaje. Vidal Romero

 

12

Aphex-Twin  

12

Aphex Twin

Syro

Warp

 

 

Vuelve el hijo pródigo. El mago de las frecuencias irreconocibles. El genio esquivo y huraño de Cornwall. O lo que es lo mismo: la mejor noticia desde que Boards of Canada decidió hacer lo mismo el año pasado (y con campaña de marketing 'parecida' a tenor de su aplastante originalidad, con una hoja de prensa ya consolidada como pieza de culto, zepelines sobrevolando cielos, alusiones a los temores del big data o enlaces a la Internet Profunda). Eso sí, en el caso de Richard eran trece los añazos en los que decidió aparcar su alter ego más famoso. Porque, pese a que teníamos carnaza para devorar en los (excelentes) maxis de la serie “Analord” como AFX o los escarceos juguetones bajo la máscara de The Tuss, lo cierto es que la horrible sequía que dejó a su paso “Drukqs” se había convertido en algo del todo insoportable. Resulta difícil intentar predecir que pasaría si “Syro” no viniese con la etiqueta de salvador o con la presión de ser el primer larga duración tras tanto tiempo. Sin estos pesados lastres, podríamos aventurarnos a calificar el trabajo como algo más que notable. Como mínimo, “Syro” servirá para seguir recordando que personajes como él sólo hay uno, y que su música es del todo imprescindible, sea el momento que sea. No obstante, conociendo la siempre genial complejidad de Richard D. James, debemos dejar reposar el trabajo como mínimo unas cuantas semanas. Tras repetidas administraciones, el tiempo dirá si estamos ante un plano auto plagio o ante una nueva genialidad. Sin ir más lejos, el reposo del tiempo sentó la mar de bien a los últimos discos de Autechre o Boards of Canada. Mientras tanto, al acabar de escribir estas líneas, suena de fondo el cierre del disco, la minimalista “Aisatsana”, en la que Aphex juega a ser Erik Satie, y me pregunto cómo es posible que “Drukqs” fuera tan vilipendiado en su momento. Beto Vidal

 

11

dfba5fb0  

11

The Afghan Whigs

Do to the Beast

Sub Pop

 

 

A pesar de un deliberado distanciamiento de la faceta soul (“It Kills” podría ser la única concesión al estilo) y que contiene aproximaciones a estilos nunca antes transitados como la fronteriza “Algiers”, lo que predominan aquí son las composiciones guitarreras de crescendos de explosión controlada, ya sean con guiños electrónicos como el de “Can Rova” (esa base final de piano “house”), o con toda la banda enchufada a pleno rendimiento (“Matamoros” o “Royal Cream”). La enérgica pulsión melódica de “The Lottery” debe recordar a tiempos pasados más que ninguna otra (salvando las distancias), mientras que “Lost in the Woods” cumpliría como falsa balada con inesperado subidón en el puente final, un truco al que Dulli ha recurrido en no pocas ocasiones en ambas formaciones. El bagaje de todos estos años refuerza todavía más el carácter singular de su líder, tratando de evitar caer en la autocomplacencia y consiguiendo así una obra que, aunque no esté a la altura del legado clásico, es un disco repleto de grandes canciones donde líricamente sigue utilizando un nuevo catálogo de historias de rendición y redención, planos cortos de secuencias extraídas de sus propias vivencias en gran parte, en un exorcismo de demonios interiores que ejerce de catarsis personal, reflejando desde las relaciones con el sexo opuesto, “These Sticks”, a recuerdos sacados de años de juventud, la anteriormente mencionada “Lost in the Woods”. Víctor Cañameras

 

10

St-vincent  

10

St Vincent

St Vincent

Loma Vista

 

Sin cambiar apenas nada, Annie Clark se nos ha convertido en toda una artistaza. No puede decirse que se trate de una sorpresa –ya que tanto “Actor” (4AD, 2009) como “Strange Mercy” (4AD, 2011) eran dos discos notables–, pero no hay duda de que el disco a medias con David Byrne“Love This Giant” (4AD, 2012)– y la posterior gira conjunta le han dado confianza ciega en sus muchas posibilidades. Agarrada a su guitarra y a sus extravagantes solos, pero también capaz de opulentos arreglos de viento (“Digital Witness”), “St. Vincent” es el ejemplo perfecto de ambición artística y comercial. Half Nelson

 

9

Sun-Kil-Moon  

09

Sun Kil Moon

Benji

Caldo Verde

 

 

Relatos cortos en la senda de Sherwood Anderson o Raymond Carver, historias cotidianas de trasfondo triste y a veces incluso dramático que nos atraviesan dejando una marca en el pecho a su paso, un frío poso de tristeza que no nos abandonará hasta el final del disco cuando nos permite un respiro con la amable “Ben’s my friend”, una historia cotidiana sobre ir de compras, comer pastel de cangrejo e ir a un concierto de The Postal Service. Antes de llegar ahí habremos averiguado el miedo que tiene de perder a su madre (la conmovedora “I can’t live without my mother’s love”), conoceremos el accidente en el que murió su tío (la brutal “Truck driver”), veremos que pese a todo lo que ha tenido que pasar a su lado quiere a su padre (“I love my dad”) o nos explicará sus experiencias sexuales iniciales (“Dogs”). Con discos tan crudos, melancólicos e inspirados como éste Mark Kozelek y Sun Kil Moon tienen todavía cuerda para rato. Javier Burgueño

 

8

jack-white  

08

Jack White

Lazaretto

Third Man Records

 

 

 

A diferencia de en “Blunderbluss”, parece que aquí encontramos a un White con más garra, con más fuego en el cuerpo cuando canta y cuando toca. Se escucha la rabia. Las canciones son más redondas, más White en la época de White Stripes incluso. Buen ejemplo es el título que abre el disco “Three Women”, una canción de Blind Willie McTell que ha remodelado haciéndola totalmente suya. El disco además se lo dedica a tres mujeres, quizás a las que se refiere en la canción, jugando al despiste y negando que sus letras tenga que ver con su propia realidad: Florence Green, la última veterana superviviente de la Primera Guerra mundial que murió a los 110 en 1992, Voltairine de Cleyre, una anarquista de Michigan y Grace Hopper, una científica de la Segunda Guerra Mundial, pionera de la informática. Este corte es un primer puñetazo sonoro que te prepara para la excepcional “Lazaretto”. Un tema totalmente marca de la casa White. Tras esta, “Temporary Ground”, más tranquila en la que se acompaña de la cantante de Nashville Lillie Mae Rische que también canta en “Alone in My Home”, las dos piezas country del álbum. “High Ball Stepper” instrumental y adictiva fue el curioso adelanto del disco. La canción que nos atrapó y nos dejó con ganas de más, como si nos echara un hechizo. White y su mojo funcionando a la perfección. Así, una tras otra, suenan la canciones de este disco hasta que se convierten en una escucha obsesiva. Uno de esos discos que no puedes dejar de escuchar una y otra vez. Mr. Jack White ha vuelto a hacerlo de nuevo, por suerte para nosotros. Anabel Vélez

 

7

Beck  

07

Beck

Morning Phase

Capitol / Universal

 

 

“Morning Phase” es un disco lineal, sin sobresaltos, con una cierta cohesión narrativa, pero con diferentes corrientes en su interior. Tras la obertura instrumental de “Cycle”, que junto al aire neoclásico de “Wave” y “Phase” da un cierto tono solemne a todo el conjunto, el soft-pop de la preciosa “Morning” marca la pauta predominante que se cierra con el mismo tono en la final (quizás demasiado extensa y de épica forzada) “Waking light”. Entre ambas, Beck reivindica un folk preciosista, de alcoba, donde sólo el agreste tono de su voz en “Don’t let it go” o las mandolinas del single “Blue moon” remiten al origen campestre del género. Ese folk urbanizado, levemente psicodélico, puede llegar a recordar a Cass McCombs como en “Blackbird chain” y en su pareja “Turn away” (con unas armonías vocales muy Simon & Garfunkel). “Morning Phase” es como si Beck hubiera encontrado, después de un montón de años, la famosa maleta con las maquetas de, por lo menos, treinta y cinco canciones que perdió en el backstage de uno de sus conciertos de la gira de presentación de “Sea Change” y que, con ello, no sólo haya recuperado las canciones, el trabajo y el tiempo perdido, sino también la paz interior. Half Nelson

 

6

Run-the-jewels  

06

Run The Jewels

Run The Jewels 2

Mass Appeal

 

 

Lejos del abrasivo enfoque musical de su debut, que se convertía en pocas escuchas en demasiado lineal y estridente, esta segunda parte es mucho más disfrutable conteniendo ritmos fácilmente asimilables aún recurriendo a beats de factura similar y con featurings insospechados en el número justo (Travis Barker -Blink-182-, Zack de la Rocha, ¡Diane Coffee de Foxygen!) que lejos de pasar inadvertidos o resultar innecesarios aportan momentos fundamentales, como el miembro de Rage Against the Machine utilizando su propia voz como beat durante “Close Your Eyes (and Count to Fuck)” o Gansta Boo dando la réplica en la hasta entonces ridículamente machista “Love Again (Akinyele Back)”. Estamos pues ante una continuación claramente superior, candidata desde ya a auparse con el título de mejor lanzamiento del año en su género sin que haya que recurrir a sonidos del pasado, alejado de los códigos propios de la Costa Este y aportando una dinámica visión intransferible cimentada en beats electrónicos rotos que se combinan hábilmente con ritmos extraídos de instrumentos analógicos como djembes o los teclados del recientemente fallecido miembro de The Mars Volta, Isaac “Ikey” Owens. Debemos agradecer infinitamente que el culo inquieto de El-P (no muy dado a conceder excesiva vida a sus proyectos paralelos como demuestran los por el momento únicos trabajos de excelsas obras con Company Flow o Cannibal Ox) haya decidido “robar las joyas” otra vez autoeditándose esta secuela con la ayuda del sello independiente Mass Appeal, demostrando la excelente química existente con el agresivo flow de su orondo partenaire. Ahora solo queda esperar la parodia gatuna “Meow the Jewels”, en la actualidad en proceso de gestación y que a buen seguro hará las delicias en esta casa de alguien que yo me sé. Víctor Cañameras

 

5

AWVFTSAtomosVIIEP  

05

A Winged Victory For The Sullen

Atomos

Erased Tapes

 

 

El primer disco de A Winged Victory For The Sullen fue una de las mejores cosas que le sucedieron a la neoclásica en el año 2011; una especie de superproyecto –si es que esa definición es posible en un género como este- en el que se juntaban los talentos de Adam Wiltzie (Stars Of The Lid, The Dead Texan, Sleepingdog) y Dustin O’Halloran en prodigiosa armonía. El primero ponía sobre el tapete su particular alquimia sonora; esa inimitable forma de mezclar ambient, post rock y música contemporánea sin que ninguno de los elementos sobresalga por encima de los otros. Y el segundo se ocupaba del piano, un instrumento del que arrancaba frases impresionistas, cargadas de melancolía, en las que los silencios tenían tanta importancia como las escasas notas que llegaban a sonar. Y entre los dos daban forma a un disco que era mucho más que la suma de sus partes; un disco repleto de tempos casi estáticos, de masas de sonido frías como el hielo, que parecían moverse con la solemnidad de un iceberg; de atmósferas de aire fúnebre y cuerdas al borde de la descomposición. Un disco de belleza irreal, que en principio no iba a tener continuación.

 

Así que hay que agradecer a la buena fortuna que el coreógrafo Wayne McGregor (responsable del Royal Ballet inglés), embrujado por aquel puñado de composiciones, decidiera encargar a la pareja la banda sonora para su nueva obra. El resultado, “Atomos”, arranca con el sonido de un órgano manipulado hasta conseguir que se congelen sus bordes; un órgano de carácter sobrenatural, que parece flotar inmóvil en el espacio, ajeno al devenir del tiempo. Es una introducción que de algún modo sirve de puente hacia aquel primer disco, pero que a mitad de la pieza se diluye para dar paso a un motivo de cuerdas de aire sinfónico que casi se puede tararear. Una voluntad melódica inédita en la pareja, que se traslada a las once piezas en las que se divide la obra. Piezas que rozan el ambiente cinematográfico, que se apoyan en figuras de piano tan tristes como bonitas, y que en general confinan los drones y las atmósferas abstractas al plano de fondo, quitándoles el papel protagonista que hasta ahora poseían. “Atomos” carece, por tanto, del carácter amniótico de su predecesor; es una criatura mucho más terrenal y romántica. Dos cualidades que posiblemente tengan que ver con el destino para el que fue creada –un acompañamiento sonoro para que un grupo de personas pueda trazar sus líneas de baile–, y que no son necesariamente negativas. Antes bien, contribuyen a hacer más accesible el trabajo de A Winged Victory For The Sullen; lo acercan a terrenos como el de las bandas sonoras y el de los teatros clásicos, en los quepuede dar mucho juego. Ojalá que no tardemos mucho tiempo en verlo. Vidal Romero

 

4

Todd-Terje  

04

Todd Terje

It's Album Time...

Olsen Records

 

 

Una década es lo que ha tardado nuestro héroe noruego del space-disco en sentarse a producir un álbum. Diez años, que no son pocos, que abarcan desde la publicación de su primer maxi “Eurodans” en Soul Jazz hasta este LP que nos ocupa, irónicamente titulado “It's album time” (no olvidemos que, antes que productor, Terje es un cachondo mental con un sentido del humor bastante afilado). Pero ojo, tampoco nos confundamos y pensemos que el productor noruego se ha espachurrado en su butaca durante este precioso tiempo: Todd Terje se ha ganado a pulso su condición de rey del space-disco europeo por varios frentes, en los que destaca su condición de killer-remixer (sus manos han amasado edits a artistas del calibre como The Turtles, Franz Ferdinand, Chris Rea, Chic o Bryan Ferry). Sin olvidar, por supuesto, aquellos maxis que se han vendido como pan caliente y que ya forman parte de la historia del dance de la presente década: hablamos de joyas como “It's the arps”, “Spiral” o “Ragysh”. Todos ellos pelotazos space-disco incontestables y hits para la eternidad como la archiconocida: ”Inspector norse”.

 

No sabemos que motivó al bueno de Todd a armar su primer LP (quizás la creciente presión de la fama que cosecha alrededor del mundo, las ganas de hacer bien y con paciencia las cosas o quizás que simplemente ya tocaba), pero aplaudimos el valiente paso definitivo en su carrera. El esperado debut comienza como debe ser: con una intro de aquellas que nos recuerdan a los mejores álbums conceptuales de la historia del rock, construida con simpleza mediante un arpegio interestelar y un delicioso aroma slow-disco. Por cierto, la voz que remarca que “it's album time” recuerda poderosamente a “Lanzarote”, al gran split con Linstrom de principios del año pasado. A partir de este aperitivo, Terje nos conduce en su coche a través de la línea de costa que delimitan las palmeras y la suave brisa marina que baña la costa slow-disco de los años setenta: “Leisure suit preben” y “Preben goes to Acapulco” huelen a crema solar, a coco perforado con pajita y a cocaína. Apesta a Costa Oeste norteamericana y a bronceado eterno, pero sobre tiene todo lo bueno del noruego, con cuidadas líneas de sinte espaciales y bajos disco marca de la casa. Algo así como jugar una partida al mítico videojuego de Outruno bien marcarse una maratón de la serie Magnum P.Icon Tom Selleck. Prosigue“Svensk Sas” , una gran pequeña canción, también muy típica de él, con esos marcados ritmos latinos (tanto la percusión como el piano en primer plano) que se torna realmente adictiva en sucesivas escuchas.

 

Tras la excursión por Acapulco, hay hueco para lo que mejor sabe hacer Todd: la creación de himnos disco como CHURROS. “Delorean dynamite” y “Oh joy” son las elegidas para darnos el clásico festín space-disco al que nos tiene acostumbrados en sus maxis. La primera concentra todas las virtudes de Daft Punk en apenas 7 minutos, en una orgía sideral de órdago. La segunda, en cambio, mira de frente a Kraftwerk con una composición a caballo entre “Autobahn” y “Raakost” de su colega Lindstrom. Tras el empacho, uno puede refugiarse en la versión del “Johnny and Mary” de Robert Palmer que se marca mano a mano con su amigo Brian Ferry. Luna pieza lenta y suavemente deliciosa.

 

Si has llegado hasta aquí y estás buscando algún defecto, lo hay: ¿Por qué incluir casi la totalidad del EP “It's the arps” y el tema“Standbar” en un álbum de material fresco? ¿Se debe puramente a una jugada comercial? ¿De verdad era necesario cerrar con “Inspector Norse” el tan esperado debut? Pequeñas incertezas que manchan ligeramente un trabajo sobresaliente y que afianza a Terje en su estatus de semi-deidad. Ni es nuevo lo que hace ni será el último en fusilar la música de baile de hace décadas, pero la frescura y enorme calidad que aporta a sus composiciones hacen que hoy por hoy no tenga rival. Beto Vidal

 

3

war  

03

The War On Drugs

Lost in the dream

Secretly Canadian

 

 

Pensaba que esta vez sería diferente, más fácil, algo ligero. Escuchaba el nuevo single de The War On Drugs en el autobús, avanzaba entre baches y socavones a través de calles atestadas de bocinas sobre los acordes masivos y optimistas de “Red eyes” y sentía una ligereza motivadora. En principio, eso parecía: el nuevo disco de los de Philadelphia era mucho más accesible, más nítido que sombrío, y apelaba al viejo rock de siempre, ese que nunca falla. El bus llegaba a mi parada.

 

Los discos de The War On Drugs siempre han estado sumidos en aureolas espaciales o capas de reverberaciones que los volvían más o menos sobrecogedores, pero sobretodo brumosos y etéreos. Con “Lost in the dream”, las melodías se han liberado de cargas y matices, han perdido la ambivalencia entre la robusta solidez lacónica o las etapas gaseosas, para volverse algo voluble, a flote, que mezcla extrañamente con los dejes acostumbrados de la banda. En este disco, la música de The War On Drugs ha emulsionado, y cada corte se dispersa en un mar de influencias, pero sin perder su cohesión interna. “Lost in the dream” es como una gota de aceite dentro de un universo acuoso, de referencias transparentes.

 

Después de años de explorar oscuridades intrínsecas y formas experimentales, Adam Granduciel ha encontrado su zona de confort en el rock y el pop mainstream. Con la sombra de Kurt Vile todavía planeando sobre algunas de sus composiciones, el vocalista de la banda prefiere entregarse a aquello que adora y dominarlo, antes que darle la espalda a algo. Sus nuevas canciones van directas al grano, y en su esencia muestran la gracilidad de Dylan, punteos, acentos, fraseos y progresiones plagiados a Mark Knopfler, y también atisbos de Springsteen o Tom Petty. No hay subterfugios, es así, simple y llano: los parecidos en algún tramo alcanzan el grado de imitación. ¿Debería avergonzarse un músico tan experimentado como Granduciel de rendir tributos tan descarados a algunos de sus pilares musicales? Tal vez, si no demostrara una maestría generosa al hacerlo; tal vez, si no hubiera logrado un disco tan disfrutable como este.

 

 

Seguir la corriente principal como solución a la angustia vital, y a las torsiones de la inspiración: esa es la receta. “Lost in the dream” respira el alivio de quien ya no se preocupa por guardar las apariencias, y eleva su cancionero, mainstream, sí, pero sentido y capaz, a altas cotas de épica y habilidad.

 

“Under the pressure” es la típica canción que pondría de acuerdo generaciones alrededor de una mesa con música de fondo, tan sosegada y disfrutable como evidente, como carismática. Es fácil de escuchar, y constituye una buena pista de lo que este disco alcanza a plasmar en gran parte de sus compases. La simpleza de “Red eyes” engatusa al más despistado, y “An ocean in between the waves” es puro Dire Straits.

 

Las líneas de bajo y sintetizadores de “Disappearing” se te enredan al estómago, y los botes de percusión de ésta y otras, como “Burning” –que se ha comparado repetidamente con “Dancing in the dark” por algo-, traen la idea de puro hedonismo revienta-estadios.

 

Pero en realidad no todo es tan fácil en “Lost in the dream”. Toda esa línea de flotabilidad mantiene a flote gran parte del cancionero, pero, en cortes como el que da título al disco, o la canción que cierra el álbum, “In reverse”, la melancolía de Granduciel aflora y, paradójicamente, el disco se sumerge en las fosas abisales. El intervalo cortante de rasgueos, ecos, y ambientes espectrales que conforman la instrumental “The haunting idle” más el inicio trémulo y palpitante de “Burning” producen escalofríos de inquietud.

 

Hay algo que reconforta en el último de The War On Drugs, viejas canciones cantadas y tocadas como siempre, con un aliento álgido y contagioso. Pero en sus tramos finales, el disco navega al borde de algo cortante, mucho menos accesible: pura y jodida tristeza. Siempre hay baches y bocinas. Albert Fernández

 

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Swans  

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Swans

To be kind

Young God

 

 

Confieso que no llego a entender el éxito de Swans. Quiero decir, me gustan mucho sus discos (tanto los antiguos como los modernos), me gustan mucho sus directos y me parece estupendo que la banda disfrute de repente de semejante atención mediática. Pero al mismo tiempo, soy consciente de que la suya no es una propuesta fácil ni asequible; de que, más que canciones, los secuaces de Michael Gira construyen delirios climáticos, tormentas de sonido que caen sobre los oyentes con la fuerza del martillo de Thor (de Thor Harris, claro), derribando el cielo sobre sus cabezas –que es, posiblemente, la razón por la que en muchas críticas se suele describir a Gira como un chamán o un profeta; una comparación que al propio interesado le resulta bastante ridícula-. Por eso, no puedo dejar de sospechar que el repentino culto desatado alrededor de la banda tiene antes que ver con circunstancias caprichosas que con razones de auténtico peso. Que es la atención que festivales como el All Tomorrow Parties y el Primavera Sound han puesto a su alrededor lo que ha conseguido que Swans cale dentro del imaginario del indie de a pie como una referencia fundamental –ese concepto de “nostalgia heredada” del que hablaba hace unos días nuestro Half Nelson–, a pesar de que su música es hermética y difícil. Mucho más que la que practican otros apóstoles del asalto sónico y el volumen atronador como Godspeed You! Black Emperor o Mogwai, que al lado de la banda de Gira parecen tan inofensivos como unos niños de parvulario.

 

Posiblemente consciente de esta realidad, Michael Gira ha decidido no ponérselo fácil a esa legión de nuevos seguidores. Los tres discos que ha publicado la banda desde su regreso (cinco, si contamos las dos entregas en directo) han ido abundando en esa visión musical monolítica y radicalmente minimalista de la que hablábamos más arriba. Es la misma estrategia seguida en el abrumador “The seer” (12), y que tiene mucho que ver con ese estado de ‘work in progress’ continuado en el que la banda lleva varios años metida; esa idea de que las canciones son entes en permanente construcción, y que en los discos apenas si se captura una encarnación concreta. El primer corte de “To be kind”, “Screen shot”, es un perfecto ejemplo de esta manera de funcionar: un riff con cierto aire de blues, que se repite sin cesar durante todo el minutaje, mientras se van sumando instrumentos y voces airadas, hasta que todo revienta en una gran explosión de ruido. Una canción que dura ocho minutos, pero que se podría haber estirado hasta los treinta (como sucede, por ejemplo, con “Bring the sun/Toussaint l’ouverture”) y que basa gran parte de su efectividad en su capacidad pirotécnica; en su capacidad para golpear y anestesiar al oyente, para zarandearlo con violencia hasta que cae agotado.

 

En este sentido, cabe señalar que el punto más débil del disco es precisamente esa utilización continuada de un mismo recurso: con la excepción de “Some things we do”, una extraña (y breve) nana cargada de psicofonías, todos los temas aquí contenidos se basan en la creación de un estado de tensión, que siempre termina por estallar entre las manos. Una pobreza de recursos formales que sólo se perdona (curiosamente) por la enorme riqueza de recursos expresivos de los que dispone una banda que sigue en estado de gracia, pero que en el futuro podría llegar a flirtear con la auto indulgencia, sobre todo si insiste en grabar discos que superan holgadamente las dos horas. La manera de evitarlo, y este es el gran acierto del disco, parece pasar por aumentar la dosis de espiritualidad y belleza; algo que aquí se consigue mediante un uso extensivo de las voces y las masas corales, que tienen muchísima presencia y que ayudan a que algunas de las canciones (“A Little god in my hands”, “She loves us”) resulten incluso asequibles, al menos dentro de los particulares estándares de Swans, que siguen estando a años luz de los que maneja casi cualquier otra banda. Y que siga siendo así por mucho tiempo. Vidal Romero

 

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01

FKA Twigs

LP1

Young Turks

 

 

Érase una vez una niña pequeña perdida en un pueblo ignoto de difícil pronunciación del medio de Reino Unido, pongamos Gloucestershire. De padres divorciados con procedencias jamaicana e hispana, una vez adolescente la joven Tahliah era algo así como el bicho raro del que todos pasaban en la escuela, rodeada de gente de piel rosada y con unos gustos adquiridos vía materna exquisitamente refinados para alguien de su edad (Eartha Kitt, Tania Maria, Ella Fitzgerald), en las antípodas de los de sus compañeros de clase en pleno fenómeno boy/girl-band. Pero cuando la chica se subía a un escenario todo cambiaba, su asombrosa habilidad bailando destacaba por encima de su apariencia frágil (tanto es así que la apodaron “twigs” (“ramitas”) por su endiablada manera de mover las piernas) y sus primeros pinitos cantando asombraban a quien la escuchaba. Estaba claro: Esa chica iba a ser especial. Harta de ser la incomprendida no tardó en huir a la gran ciudad al cumplir la mayoría de edad y patearse la city en castings y salas de baile, buscando una oportunidad que no tardaría en llegar de la mano de Tic Zogson, co-fundador del sello Young Turks, miembro actual de su banda y conspirador en la elaboración del sonido de su tarjeta de presentación, “EP1”, publicado en 2012 a modo de “white label”.

 

Gracias al runrún de los medios y, sobretodo, a un segundo Ep, “Ep2” (Young Turks, 2013), producido por el venezolano Arca donde las aristas de su sonido se endurecían sustancialmente acorde con sus estrambóticos videos y una cuidada presentación gráfica controlada por ella misma, empieza a estar en boca de todos, hasta el punto de tener que cambiar su nombre por motivos legales añadiéndole las siglas de “antiguamente conocida como”. Fiel a su carácter inconformista y su autodidacta modus operandi está decidida a hacer las cosas a su manera y a sus 26 años asume las riendas de la producción de su primer larga duración con la colaboración de lo mejor de los dos mundos: El mainstream con Emile Hayne (Lana del Rey), Paul Epworth (Adele), Joel Compass (Cheryl Cole) y el underground: Sampha, Clams Casino, Dev Hynes de Blood Orange contando, eso sí, con la supervisión de sus dos fieles escuderos en ambas producciones anteriores. Lejos de influenciarse por ellos ha impuesto su criterio en una obra de pop sintético y ritmos de R&B futurista, en la que mediante una producción rica en detalle (el disco cobra una vida extra a través de auriculares) profundiza en su exorcización de demonios interiores exponiendo sus sinsabores en relaciones de pareja carentes de éxito.

 

“LP1” comienza expiando las culpas: “Amo a otro y por eso me odio a mi misma” recita una y otra vez en “Preface” con tono casi operístico, mientras el beat se retuerce y se arrastra a lo largo de la canción. Todo lo contrario que en “Lights On” donde éste, con un inicio deudor del Calling You”de Jevetta Steele, está dominado por una tenue base de bajo acústico para hacernos saber con su característico falsete lo mal que lo ha pasado con aquellos que guardan una doble cara en la intimidad. El mismo tono sosegado se extiende a lo resto de todo el álbum, cimentado a base de múltiples capas de ruidos contrarrestadas con el colchón que proporciona su casi susurro, dotándolo de una sofisticación sonora digna de unos primerizos Portishead (la atmósfera de “Closer” es buena prueba de ello) convirtiéndose en el sucedáneo perfecto no sólo para aquellos desheredados del trip-hop, sino a los de sonidos más recientes y dispares como los de James Blake, The Weeknd o The XX con evidentes puntos álgidos como el coro final de “Pendulum” con la base, la voz y el punteo funk unidos en una orgía de sensualidad al alcance de un Prince del siglo XXI en pleno estado de forma. Tras rememorar en “Video Girl” su etapa de codiciada bailarina para stars del calado de Kylie Minogue o Jessie J, siguen los reproches con piezas de corte eminentemente elástico como “Numbers” (“¿Era sólo un número más para ti?”), “Give Up” (“No voy a dejar que abandones”) hasta llegar a la magnífica “Kicks”, estratégicamente situada, donde la aparente necesidad inicial sexual de la pareja es suplida al final por medios propios de manera totalmente satisfactoria. Tras su engañosa fragilidad FKA twigs deja claro que no necesita a nadie y, al igual que su timidez transmuta en poderío en sus representaciones de cabaret “burlesque” en Londres, traslada su particular propuesta consciente de no tener un sonido fácil que, aún suavizado respecto a lo propuesto en los EPs, sigue conservando esa aura intransferible, ajena a los canales comerciales que comparte con otras féminas de su generación como Jessie Ware o Janelle Monáe. Y colorín colorado… bueno, todavía es demasiado pronto para eso. Víctor Cañameras

 

 

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