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Homenaje a The Church

La vida se acelera

 

Vidal Romero

 

Será porque nunca dejó de existir; porque seguía sacando discos mucho después de que la mayoría de sus compañeros de generación hubieran desaparecido del mapa –de hecho, todavía sigue sacando discos: el último, “A psychedelic symphony” (14), este mismo año–. Será también porque venía de un sitio tan poco hipster en los ochenta como Australia, o porque nunca fue ni carne de radiofórmula ni una banda acomodaticia; antes bien, sus miembros preferían ser aventureros, intentar grandes giros de estilo entre un disco y el siguiente, apurar siempre al límite de sus posibilidades. Razones que justifican que otro tipo al que le va la marcha, José Luis Osuna, decidiera que ya era hora de reivindicar a una banda tan grande como olvidada: The Church.

 

Recuerda José Luis Osuna que descubrió a The Churchporque me regalaron una cinta con el ‘Heyday’ (85) por una cara y el ‘The queen is dead’ de The Smiths por la otra, dos auténticos clásicos”. Recuerda también que aquello sucedió en una época, “la de mi adolescencia y mi primera juventud, en la que me dedicaba sobre todo a devorar discos”, así que hay que entender “Bajo un cielo prehistórico” (Lunar Discos, 14), el homenaje a la banda que acaba de publicar en su sello, Lunar Discos, desde dos perspectivas diferentes. Por un lado, como un intento de hacer justicia con “uno de los grandes grupos olvidados de su generación. The Cure, The Smiths, The Chameleons o Echo & The Bunnymen sí están considerados como iconos de la década de los ochenta, y para mí son grupos que están al mismo nivel que The Church”. Y por otro, como ajuste de cuentas con su propio pasado, porque en cierto modo “más que reivindicar el cancionero de The Church estoy reivindicando el romanticismo que la música me producía en aquella época, la manera tan intensa que tenía de vivirla”.

 

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Se trata de un romanticismo que no ha perdido del todo con la edad. La primera encarnación de Lunar Discos se produjo en Sevilla, a principios de la década pasada, pero por desgracia no duró demasiado tiempo. “Después de publicar dieciséis discos en menos de tres años, con sus correspondientes campañas de promoción, giras y demás historias terminé saturado de todo lo que rodea a la música”, confiesa Osuna. “Estaba todo tan cerrado y manipulado que, en fin… Ahora lo veo desde una perspectiva mucho más sana, me lo tomo más como un pasatiempo. Y puestos a divertirme, me apetecía recuperar un proyecto que había dejado a medias”. Cuando habla de proyectos a medias, nuestro hombre se refiere a que “Bajo un cielo prehistórico” forma parte de una trilogía de homenajes alrededor de bandas de los ochenta. Una aventura que comenzó con otro disco, “Play the game. Un tributo a Echo & The Bunnymen” (05), que juntaba a bandas del calibre de Sr. Chinarro, Maga, Lagartija Nick, Love Of Lesbian, Schwarz o De La Rosa para sacar punta al cancionero de Ian McCulloch y los suyos.

 

Bajo un cielo prehistórico” repite ese mismo modelo, pero a lo grande: veintinueve bandas reinterpretan otras tantas canciones en dos compactos repletos de música. Dos compactos en los que caben todo tipo de visiones: desde el punto gótico de Santa Cruz al post metal de Tentudía, pasando por la americana punk de The Sweethearts From America, el rock mugriento de Miraflores, el synth pop de Tobogán (que incluso se atreven a citar a Golpes Bajos en un mash up), el ároma a rock clásico de Chencho Fernández (que, en su traducción al español de “It’s not reason”, tropieza con el título de la recopilación) o las delicadas filigranas que traza Tremolina. Una variedad de registros que tiene mucho sentido porque, como bien señala Osuna, “The Church es una banda que no hizo nunca dos discos iguales. De ahí la complejidad de su repertorio”, y de ahí también las enormes posibilidades que ofrece.

 

Una de las cosas que llaman la atención en “Bajo un cielo prehistórico” es su tamaño. ¿Tantas canciones buenas hay en el repertorio de The Church que te viste obligado a ampliar el proyecto?

No ha sido premeditado, sino el resultado de algo que me ha sorprendido para bien: dabas una patada a una piedra y aparecía un músico que conocía a la banda y a sus canciones, y que quería participar en el disco… De hecho, casi todas las bandas han escogido la canción que han querido grabar, y eso significa que se han quedado fuera algunas de mis favoritas, como “Myrrh” o “Life speeds up”. Sólo a Suomo y a Arturo les sugerí una canción que podría irles bien. Y en el caso de Suomo creo que fue un acierto: su versión es tan buena que abre el segundo compacto.

 

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¿Cómo fue la selección de bandas? Porque en el disco conviven bandas asentadas, más o menos conocidas (incluso alguna que ya aparecía en el homenaje a Echo & The Bunnymen) con otras propuestas que casi se estrenan para la ocasión.

Ha sido un poco empezar a tirar del hilo y comenzar a descubrir posibilidades. Los primeros en aceptar fueron Maga, que junto a All La Glory (el nuevo grupo de Juano Azagra) son los que repiten respecto al disco de Echo & The Bunnymen. Por otro lado, queríamos aprovechar la ocasión para dar un cierto impulso a la escena más underground. Y creo que el resultado ha sido muy bueno a nivel artístico, porque cada banda ha llevado la canción a su terreno, en muchos casos casi apropiándosela.

 

También tengo entendido que se ha cuidado mucho producción.

A diferencia de lo que sucedió en el disco anterior, Fernando Zambruno y yo hemos estado presentes a lo largo de casi todo el proceso. La mayoría de las canciones se han grabado en el estudio que él tiene en Dos Hermanas, un pueblo de Sevilla, y las hemos producido junto a los músicos. Todos los pasos, desde la grabación a las mezclas y al mastering se han revisado para que todo estuviera en su sitio. Y también ha sido importante el diseño del disco, que es obra de Armando Rueda Nunes, de Midi Puro. Por eso hemos tardado tanto tiempo en terminarlo; nos ha llevado casi un año desde que empezamos a darle vueltas a la idea hasta que se ha publicado el disco.

 

A pesar de la variedad estilística de las bandas, el disco funciona bastante bien; posee una cierta línea narrativa. ¿Te costó muchas horas de escucha llegar a ese punto?

¡Y tanto! Debí darle quinientas vueltas hasta llegar a la versión definitiva. Soy un obseso del tracklist, para mí es fundamental el orden de las canciones dentro de un disco o incluso dentro de un concierto. Pero algunas cosas sí las tenía claras: Santacruz tenía que abrir con el trallazo de “She never said” y Tentudía debía cerrarlo con su particular dosis de dolor. Era una buena manera de cerrar el círculo.

 

Y después de tanto trabajo, ¿te han quedado ganas de seguir adelante? ¿En qué grupo has pensado para la tercera parte de la trilogía?

Ganas, siempre hay, por supuesto. De momento voy a dejar que este disco repose, pero soy una persona muy inquieta, así que creo que esa tercera parte llegará. Lo que todavía no sé es qué banda lo protagonizará, pero tengo ya unos cuantos candidatos pensados.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com