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“The College Dropout” de Kanye West cumple diez años

Como nacen los monstruos

 

Víctor Cañameras

 

Dentro de una semana se cumplirán diez añitos de “The College Dropout”, el refrescante debut de Kanye West. Aunque en nuestro país su nombre haya cobrado más lustre últimamente por motivos extramusicales (su reciente compromiso con la asidua del papel couché Kim Kardashian) musicalmente en nuestro país sigue siendo un gran desconocido para el gran público en claro contraste con países más cercanos como Reino Unido o Francia, donde es poco menos que un dios. Por más que la crítica los resalte, sus discos se publican de tapadillo, tiene nula promoción en la radio comercial y, curiosamente, solo oímos su música a través de cortinillas de anuncios para perfumes o sintonías para televisión y cine. Flaco favor que se le hace aquí a un autor enorme en detrimento a un hip hop comercial en estado vegetativo copado por propuestas insulsas como Macklemore & Lewis, etc. o un Eminem echado a perder.

 

Yeezy (o Ye’, como se le conoce vulgarmente) es el mayor exponente hoy en día de artista comercial que hace lo que le da la gana y lo mejor de todo es que lo lleva siendo desde el principio de su carrera. Con todos los tabloides escupiendo polémicas alrededor suyo día si, día también, y mientras su carrera musical avanza sin dar un paso en falso, nadie diría que Kanye fue alguna vez un joven concienciado con las clases más desfavorecidas. En realidad, tan solo ha cambiado su nivel de preocupación por los que le rodean. Si en su día denunciaba la situación de desamparo social en la que se encontraban los jóvenes afro-americanos que dejaban la universidad o los aprietos económicos de la gente del barrio en su día a día, hoy se preocupa por la situación de racismo sumergido que sufre la high society negra por más dólares que derrochen en Rodeo Drive. Cambian los conceptos, no los valores. Eso y los ceros en la cuenta corriente.

 

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Muchos leímos su nombre por primera vez cuando reparamos en los créditos de la producción del magnum opus “The blueprint” ¿quién era ese tal Kanye al que Jay-Z le había encargado hasta cuatro temas (cinco si contamos el bonus track)? ¿de donde había salido?¿era otro “protegido” sacado de las calles a su imagen y semejanza? Nada más lejos de la realidad. Cuando Kanye empezó a ser el productor de moda y su nombre empezó a sonar junto a estrellas como Alicia Keys, Ludacris o Cam’ron supimos de las aspiraciones de un muchacho de familia acomodada que había hipotecado su futuro en la escuela de bellas artes por profundizar en sus conocimientos sobre los beats y los samplers mientras alternaba trabajos mal pagados para costearse sus gastos (en un videoclub o en un local de la cadena de tiendas GAP, por citar un par). Nada que ver con Hova y sus trapicheos con substancias poco recomendables.

 

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Ese éxito inicial con sus producciones hizo que cuando decidiese saltar ante el micrófono, al fin y al cabo su auténtica aspiración, las compañías recelasen y no quisiesen dar el paso adelante. Una a una las principales majors rechazaron su obra como rapper y tuvo que ser de nuevo Jay-Z quien intercediese en su favor con Damon Dash (capo del sello Roc-a-Fella junto con Jay) y le diese su primera oportunidad como mc.  Comenzaba a surgir el concepto de luchar contra todo lo que se le pusiese por delante que dominaría su primer álbum y el resto de su carrera. Carrera que casi estuvo a punto de irse al traste cuando la noche del 23 de octubre de 2002 tuvo un estrepitoso accidente al quedarse dormido al volante de su Lexus volviendo de las sesiones de grabación. Por aquel entonces las dudas sobre la dirección que seguiría su debut empezaban a surgir en su cabeza (los consejos que recibía insistían en que desechase las demos y beats que llevaba acumulando desde años atrás en favor de otros más convencionales); Paradójicamente, la estancia en el hospital le sirvió para disiparlas por completo. Ahora si que sabía lo que quería y nadie podría cambiar su opinión de cómo iba a ser “The College Dropout”.

 

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Kanye entro en acción cambiando las reglas del juego desde el primer instante. Varias cosas que llaman la atención: Aunque el disco contiene diversos samplers e interpolaciones (rindiendo homenaje a clásicos del soul como Marvin Gaye o Aretha Franklin) su uso manipulado es más bien reservado y prima sobre ellos la utilización de instrumentos orgánicos; Podemos escuchar guitarras, bajos, pianos y muestras de batería reales y aunque por temas económicos tuviese que renunciar a un cuarteto de cuerda (el que se oye en varias partes del álbum es pregrabado), vería cumplido su capricho en el siguiente “The Late Registration”. Algo impensable en el rap solo unos pocos años antes y que él mismo se encargaría de prolongar en otras de sus producciones para Common o John Legend.

 

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“The College Dropout” (algo así como “la salida fracasada de la universidad”) rompía con más estereotipos de la época cuando se trataba de hablar de su temática. Nada de gángsters chulo putas exhibiendo sus joyas rapeando sobre consumir drogas y conducir coches caros. Ye’ se propuso recuperar a su manera la idea de “hip-hop conscious” de los primeros noventa al estilo de Brand Nubian o A Tribe Called Quest y convirtió la familia y los derechos de clases tan desprotegidas como la juventud de color en los principales ejes en los que mueve su lírica. Para enfatizar dicha denuncia utilizó cantos tradicionales e himnos gospel reforzando ese vínculo con la comunidad. Claro que también hay espacio para un egocentrismo latente relatando sus vivencias post accidente (“Through the wire”) o las adversidades que se ha encontrado en su ascenso al estrellato  (la larguísima pieza que cierra el disco), pero también para la denuncia al consumismo y los falsos ídolos como en “The New Workout plan” donde en clave de humor autoproclama su música como si de una milagrosa dieta se tratase.

 

 

A punto de cumplir su primera década el álbum no solo se mantiene en plena forma sino que su metodología es reivindicada por toda la pléyade de nuevos artistas del R&B como Miguel o Frank Ocean. Todos sabemos que el Kanye actual esta a años luz estilísticamente del primerizo pero el ansía de renovación constante se mantiene intacto sin perder en calidad artística. Por encima de todo “The College Dropout” demostró que se podía hacer un álbum de música comercial sin caer bajo los designios de la industria y siguiendo tu propio instinto. Todo un triunfo de la voluntad.