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D’A 2017 Vol. 2

Al Este del Edén

 

Tariq Porter

 

Grato crescendo el que experimentamos pasado el ecuador del D’A, en el que pudimos disfrutar de una refrescante y desenfadada propuesta brasileña para adentrarnos, después, en tres obras provenientes de Europa del Este, oscurísimas y formalmente impecables, y acabar, de nuevo al otro lado del charco, con una fastuosa menstruación.

 

“A cidade onde envelheço”. Dirigida por la joven cineasta Marília Rocha, que debuta en ficción, “A cidade onde envelheço” fue mi primera gran sorpresa del D’A 2017. Como el cine de Kleber Mendoça Filho, la obra de Rocha tiene, en la ciudad donde transcurre, un actor pasivo que hace el relato más rico y genuino. En este caso no es Recife sino Belo Horizonte, punto de encuentro entre dos portuguesas, amigas de infancia, para las que la ciudad brasileña significa un nuevo hogar y el escenario de una etapa vital. Una llega, otra ya está allí; ambas se redescubren a ellas y su amistad extraviada, tantean amores, bailan, comen y se abrazan. Nada más. No hay sitio, en el debut de Rocha, para torbellinos dramáticos ni volantazos argumentales; sólo una cámara que parece invisible inmiscuida en la intimidad de dos chicas jóvenes –talentosas Elisabete Francisca y Francisca Manuel– y su prometedora alma mater.

 

 

“Fixeur”, “Godless”, “Playground”. Lejos, lejísimos de la vitalidad latina de Rocha, estaban estas tres propuestas venidas del este, capaces de abrumar al mayor de los optimistas. Nuestro tour de force anímico empezaba con “Fixeur”, notable película rumana dirigida por Adrian Sitaru sobre el tráfico de mujeres desde el país europeo. Lo que empieza como una descripción tosca y algo antipática de los mecanismos periodísticos en la cobertura de este tipo de conflictos se revela, poco a poco, como una sagaz reflexión sobre el trato hacia las víctimas, en especial menores, por parte de la prensa y, por extensión, del mundo adulto. De hecho, “Fixeur” utiliza el proxenetismo de menores como el ejemplo más extremo del abuso reiterado, pero dispara también contra ciertos sectores periodísticos,  e incluso contra la misma paternidad –la mal entendida– para constatar la dolorosa frecuencia con que la humanidad frágil –la que recién eclosiona– es atropellada por quien debería protegerla.

 

 

Algo similar sucede con “Godless”, ópera prima de la directora búlgara Ralitza Petrova, ganadora del último Festival de Locarno y, posiblemente, la película más deprimente del año. Se trata de un fresco de un infierno blanco, el día a día en un lugar gélido y remoto en que la belleza es prácticamente imperceptible y casi nadie parece echarla en falta. Sólo su protagonista, enfermera que cuida a ancianos moribundos, tan fría como el paisaje y aparentemente imperturbable, intuye que podría existir; que bajo el hielo, posiblemente, algo puede germinar. Ese conmovedor afán de alguien que es a la vez verdugo y víctima es la principal baza de la inclemente directora, que nos dejaba tocados para que “Playground” diera la puntilla.

 

 

Dirigida por otro debutante, el polaco Bartosz M. Kowalski, que en su paso por San Sebastián recibió abucheos e incluso insultos, “Playground” nos preparaba definitivamente para, finalizada la sesión, huir hacia la fiesta de clausura del festival y beber cuanto fuera necesario. Kowalski busca –y halla– nuevas maneras de representar la violencia, con una puesta en escena y ejecución absolutamente secas y estremecedoras. Lo disfraza de cine social, representativo de una problemática mucho más aislada de lo que prescribe, o en todo caso en ese nivel extremo. No en vano, el film está basado en un caso ocurrido en Liverpool hace más de veinte años, lo que la hace doblemente reprobable: si es una denuncia, la violencia gráfica es pura exhibición; si es una exhibición, su vocación social es pura frivolidad. Más allá de juicios morales, la obra de Kowalski sí es interesante en su tratamiento formal, siguiendo a los protagonistas de cerca sin estridencias ni preavisos, cercano –aquí sí– al cine funcional y próximo de directores como los Dardenne, y culminando con un plano fijo que reta al público a contemplar la crueldad más absurda y, con ello, más humana.

 

 

“20th Century Women”. Por suerte, el D’A Film Festival tenía un último as en la manga, ideal para pasar la resaca física y psicológica del sábado. Para servidor, un devoto absoluto de la obra de John Irving “El mundo según Garp”, el encuentro con lo nuevo del norteamericano Mike Mills, segurísimo influido por la obra del escritor, fue pura miel, alegría y alboroto para un domingo melancólico en potencia. El maravilloso guion de Mills, de funámbulo veterano sin miedo al amor, ni al humor, ni a la nostalgia, recitado por Annette Bening –I love you since Mars Attacks!–, Lucas Jade Zumann, Greta Gerwig, Elle Fanning y compañía, disipó cualquier atisbo de tristeza. Descubría así un director que antes había obviado y que se convierte, como Irving, en uno de mis mediadores titulares entre ese enojoso país del que proviene y yo.

 

 

Y con eso y un bizcocho, el palmarés del D’A lo capitalizó la cinta israelí “People that Are Not Me”, de Hadas Ben Aroya, Premi Talents, mientras que la argentina “El futuro perfecto”, de  Nele Wohlatz, ganó el Premio de la Crítica, con mención especial a la catalana “La película de nuestra vida”, de Enrique Baró. El premio del público fue a parar a la película más larga de esta edición: “The Woman Who Left”, del filipino Lav Diaz. Como viene siendo tradición, no vi ninguna de ellas… así que ahí va mi humilde top 5 en nombre de Blisstopic.

 

 

TOP BLISSTOPIC D’A 2017

05 “Lady Macbeth” (William Oldroyd)

04 “Fixeur” (Adrian Sitaru)

03 “A cidade onde envelheço” (Marília Rocha)

02 “20th Century Women” (Mike Mills)

01 “Estiu 1993” (Carla Simón)

 

Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.