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D’A 2017 Vol. 1

Haz el amor

 

Tariq Porter

 

 

Queda claro: el eslogan del D’A Film Festival 2017 podría perfectamente ser “haz el amor y no la guerra”, “sexo es vida” o sucedáneos. Nos encontramos gratamente sumergidos, estos días, entre una programación en que los fluidos salivales y demás ganan por goleada a la hemoglobina, en cuarentena –¿quizás representada por “Free Fire” o “Playground”? o acaso reservada para Sitges 2017. Nosotros, en todo caso, gozamos de vista y oído mientras hacemos balance de los primeros días de festival.

 

“Lady Macbeth” era la película elegida para inaugurar los juegos florales cinematográficos de Barcelona por excelencia. La película, ópera prima del dramaturgo y cortometrajista británico William Oldroyd, daba un disparo de salida notable, narrativamente contundente y formalmente sobrio. Ése es un don escaso en el cine de época, con el que directores de arte y fotografía tienden a abalanzarse, a menudo, a los brazos del efectismo rococó. “Lady Macbeth”, en ese sentido, se contiene con una imagen fría y precisa que cede también protagonismo –sorprendentemente– a un agudísimo diseño de sonido. Todo ello genera sensación de espacio y atmósfera: aislamiento, total ausencia de estímulos y un consecuente tedio que, con el tiempo, deviene dinamita para apasionados patológicos. De eso habla el film. Basado en la novela del escritor ruso Nikolai Leskov “Lady Macbeth de Mtsensk”, del año 1965, este relato sorprendentemente perverso e inevitablemente shakesperiano se antoja fiel a sus fuentes y consigue trasladar a la gran pantalla, no sin la ayuda de su protagonista, la brutal y jovencísima Florence Pugh, el desasosiego primero de una vida proscrita y la virulencia, después, de una inclemente rebelde, consciente de su poder sexual y posición de clase.

 

 

“Demonios tus ojos”. Despertaba cierta curiosidad la película de Pedro Aguilera después de haber recibido reseñas positivas en Rotterdam y ganar tres premios en la sección Zonazine de Málaga. Protagonizada por Julio Perillán y una Ivana Baquero a la que últimamente hemos visto en obras tan singulares como “Hielo” (Gonçalo Galvão Teles, Luís Galvão Teles, 2015), “Demonios tus ojos” llegaba al D’A como una “Elle” sureña y veraniega con –aparentemente– la misma mala leche. Y como la de Verhoeven, la obra de Aguilera juega constantemente con el espectador proponiéndole disyuntivas morales sin ocultar sus cartas –insólita su osadía narrativa, en ese aspecto– y resultando siempre intrigante y entretenida. Sin embargo, su viaje hacia las psiques retorcidas desemboca, en algunos momentos, en soluciones algo pueriles o excesivamente dramatizadas que desmerecen el conjunto. Lo mejor del film, seguramente, lo encontramos en una Baquero llena de matices, sensual y explosiva en cada momento en que decide serlo.

 

 

“Rester vertical”. En la mezcla de cine y sexo hay varios nombres capitales del cine reciente. Alain Guiraudie es sin duda uno de ellos gracias, sobre todo, a “El desconocido del lago” (2013), película que tiene en su crudeza –o serena desenvoltura– gráfica uno de sus principales leitmotifs, sexo filmado sin filtros ni resquemores que resulta refrescante en su representación en ficción y a la vez violento por su impudorosa cercanía. No obstante, así como “El desconocido del lago” parecía una obra hecha a consciencia, perfectamente sabedora de sus valores y motivaciones, “Rester vertical” se ve errática, fruto de la inercia más que la necesidad creativa. Guiraudie, muy vivo, habla del bloqueo de un guionista y con ese pretexto sumerge al protagonista en una serie de alocadas peripecias que por un lado reafirman recursos estilísticos del director –la repetición de secuencias con pequeños cambios, el sexo sin preservativos técnicos– pero por el otro delatan su falta de ideas poderosas.

 

 

“Le parc”. Otra parada en nuestro programa particular era una pequeñez francesísima. Lo que empieza como una cita entre dos adolescentes en un parque, de vocación naturalista y diálogos rohmerianos, se convierte, al cabo de poco, en algo más estrambótico que nos hace pensar en un Freud premeditadamente citado entre palabrería. La rareza de la segunda película de Damien Manivel es atractiva, al igual que su viveza cromática, su higiene estética, y sus rostros protagonistas, exhalantes de inocencia. Llega la broma, a mitad de metraje, y se gusta demasiado como para parar a tiempo. El resultado es una obra que, a pesar de inquietante, a pesar de enigmática, a pesar de corta, dilata su ocurrencia hasta el punto de desdibujar su impacto.

 

 

“The Beach House”. El cine libanés no es, digamos, especialmente abundante en nuestra oferta regular, por lo que cualquier propuesta venida del país de Oriente Próximo es una buena oportunidad para catarlo. Es el caso de “The Beach House”, pequeña obra coral y coreográfica, cuasi teatral, en el que cuatro jóvenes –dos hermanas y dos amigos– intercambian puntos de vista, canciones y besos. Dirigida por el debutante Roy Dib, “The Beach House” es más interesante como exposición joven y desacomplejada de una cultura normalmente estigmatizada que como obra esencialmente cinematográfica.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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