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Americana Film Festival 2017

Pinceladas finas desde el país de la brocha gorda

 

Tariq Porter

 

El festival L’Americana, tan joven como integrado ya en la agenda cultural de Barcelona, abría las puertas el miércoles 1, inaugurando el tercer mes del año y su cuarto año de vida en la siempre fastuosa Sala Phenomena. La película escogida, una vez más, no era ni por asomo la más mediática que ofrece el festival, que a cada edición consigue una cartelera de notable renombre.

 

Títulos como “Certain Women”, de Kelly Reichardt, “Swiss Army Man”, de Dan Kwan y Daniel Scheinert o “Wiener-Dog”, de Todd Solondz, unían fuerzas con propuestas desconocidas, joyitas en potencia para curiosos de lo que se cuece en la cara oculta del hemisferio norte americano. Aquí van algunos apuntes.

 

 

Donald Cried

La obra escogida para dar la bienvenida al festival era una simpática dramedia, ópera prima coescrita, dirigida, producida y coprotagonizada por Kris Avedisian. El cineasta estadounidense ofrece una singular relectura de una situación que se ha descrito en muchas ocasiones y de muchas maneras distintas. La amarga vuelta a casa, el reencuentro con un pasado deliberadamente olvidado sirve como material base para que los dos protagonistas, hijo pródigo (Jesse Wakeman) y su abandonado y decadente amigo, choquen y hagan funcionar el engranaje argumental. Es a través de un patetismo en algunas ocasiones gracioso, en otras incómodo e incluso doloroso, que el director consigue una cierta profundidad discursiva que se revela, sobretodo, en los momentos en que el circunstancial foráneo sale de su ensimismamiento acompañado del espectador y capta el panorama. Éste es considerablemente desolador, miserable y rabiosamente antiestético. No hace sangre el alma mater del film –y podría–, optando por una historia sencilla que sabe mostrar, austeramente, los rincones bonitos del lodazal humano.

 

 

Certain Women

También desde las entrañas de Estados Unidos, exponiendo un entorno ocre y grisáceo sin el regodeo feísta de “Donald Cried”, Kelly Reichardt propone tres historias mínimas protagonizadas por mujeres y unidas por finísimos filamentos. La directora de Miami se muda hasta Montana para mostrar tres casos que perfectamente podrían ser realidades filmadas, conteniendo siempre cualquier pirotecnia incontrolada y fijándose, cuasi obsesivamente, en la sutileza del gesto y el subtexto. “Certain Women” es, de hecho, la pesadilla de todo productor grandilocuente, pieza que esquiva cuasi de forma patológica exaltaciones novelescas y potenciales visos vitalistas. A cambio, pretende mostrar que el negro absoluto no existe; que la luz entra por cualquier grieta y que, en definitiva y a pesar de todo, la vida tiene sentido. Todo ello lo hace sin desaprovechar la oportunidad de retratar su país de dentro para afuera. Desde en un aparente segundo término, Reichardt habla de injusticias laborales, del inconsciente irrespeto por el pasado y de las dificultades de integración, por origen u orientación sexual. Interpretan estas historias –basadas en textos de Maile Meloy– cuatro actrices en excelente sintonía: Michelle Williams, Kristen Stewart, Laura Dern y Lily Gladstone. Por ellas y por Reichardt, la sesión en los Cinemes Girona colgaba el cartel de entradas agotadas.

 

 

Propuestas fantásticas

En un radical cambio de registro, también el cine fantástico tenía su espacio en L’Americana de la mano de “Creative Control”, “Another Evil” o “Swiss Army Man”. La primera era obra de otro cineasta multifunción, Benjamin Dickinson, que escribe, dirige y protagoniza una historia lo-fi que no puede ocultar unas ínfulas hipsterianas que le pasan factura. “Creative Control” tiene mucho más que decir desde la estética –con una hermosa escala de grises– que desde la trama, que cuenta las tribulaciones de un creativo tecnólogo que, como un Doctor Frankenstein con la bragueta suelta, se pierde tentado por su libidinosa creación. No está mal la propuesta de Dickinson, y deja buen sabor de boca gracias a un acertado plano final, pero su film es mucho menos trascendental de lo que pretende. Caso antónimo al de “Another Evil”, debut de Carson D. Mell que para bien o para mal huele intensamente a B. Con unas formas limítrofes entre lo sencillo y lo descuidado, esta comedia de terror se sostiene por su ingeniosa premisa, guion e interpretaciones protagonistas, que consiguen arrancar algunas buenas carcajadas. El ritmo, eso sí, no consigue mantenerse y en muchos momentos desfallece o se descuelga con soluciones de guion más bien descabelladas. ¿Y qué decir de “Swiss Army Man”? Ganó en Sitges y lo volvía a hacer en L’Americana. Reviso mi opinión en las crónicas de Sitges 2016, y 6 meses después, con esos días aún frescos en mente, me descubro en la misma tesitura. Nada más que añadir, señoría.

 

 

Wiener-Dog

Ganó el efectista esfínter de Radcliffe, pero su provocación es tan efímera como el metano que desprende. En lo que a controversia se refiere, pocos cineastas tienen tanto que decir como Todd Solondz, colorista ilustrador de lo grotesco del que Casanova, el de “Pieles”, es seguro un fiel seguidor. Cinco años después, el director de New Jersey vuelve a las pantallas vía Amazon Films y Anapurna, y lo hace asociado con un perro salchicha de mirada tierna y ajena a las maléficas ocurrencias de Solondz. Su afilado humor negro acaricia constantemente al can, jugando con su susceptibilidad y, una vez más, enfrentando en cuatro diferenciados episodios iconos de la inocencia –el mismo perrico, un niño enfermizo, una pareja con síndrome de down, una joven artista desorientada…– con el pensamiento potencialmente perverso del adulto estándar. “Wiener-Dog” hace eso; ilumina el lado oscuro de la mente provocando risas socarronas por lo incorrecto. Y a pesar de que en su conjunto es algo irregular, resulta la mar de agradable celebrar en comunión con el público y algunas estrellitas con sentido del humor –Danny DeVito, Greta Gerwig, Kieran Culkin, Julie Delpy, entre otras– el reconocimiento de nuestras debilidades éticas. Con éstas se cierra el telón; llenazo y satisfacción generalizada por la consolidación de un festival que, gracias a una programación heterogénea y acertada, se ha ganado el afecto del cinéfilo acérrimo u ocasional de la ciudad condal. No es poca cosa; en tiempos de Trump resulta más difícil despertar simpatías.

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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