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Ciclo Cine Low Cost

Rodar con poco dinero no es un género

 

Marga Almirall

 

El pasado 2 de diciembre se celebró en Barcelona la cuarta edición del Ciclo de cine “Low Cost”. Se trata de un encuentro, de un solo día de duración, donde se proyectan películas “low cost” y se organizan mesas redondas para charlar y reflexionar sobre este tipo de cine. Ahora bien, ¿qué es exactamente el cine “low cost”? ¿en qué consiste esta categoría? Más allá del evidente bajo o nulo presupuesto, ¿qué más tienen en común las películas “low cost”? Desireé de Fez y Miqui Otero, los comisarios del ciclo, afirman que se trata de películas con una fuerte vocación autoral y que suponen un posible cambio de paradigma industrial y artístico. Pero además apuntan algunas características estilísiticas comunes, como una clara apuesta por el texto/diálogo, la inclinación por hacer propuestas arriesgadas, unas duraciones distintas de las del cine estándar o un fuerte protagonismo del humor, entre otras.

 

Es decir, de alguna forma, la propuesta nace para reivindicar la calidad de ciertas piezas cinematográficas que no pueden circular por el circuito tradicional de películas industriales o incluso tampoco por el festivalero. Cada vez más gente se va dando cuenta de que fuera de la autopista habitual del cine comercial se están construyendo muchos caminos de carro por los que circulan algunas ideas innovadoras. Es por esto que tienen mucho sentido iniciativas como el ciclo de cine “low cost”: para reivindicar estas películas y crear la posibilidad que las vea más gente.

 

 

Ahora bien: cuidado. Cuidado porque la etiqueta cine “low cost” tiene trampa porque podría malinterpretarse. Podría entenderse que el cine “low cost” que pruebe una cierta calidad lo hace precisamente por estar hecho con bajo presupuesto. Que es una característica imprescindible para que la película sea digna de mención. Pero no es así, o no debería. Lo del “low cost” es circunstancial, y en gran media, es más un peso que no una oportunidad. No es que al cine español le haya salido un nuevo género llamado “low cost”, como un bultito molesto al lado de los géneros ya establecidos. El “low cost” no es un género. Es más bien una forma de protesta. El “low cost” ha salido a pesar del cine español y a pesar de las películas comerciales españolas. El “low cost” no está orgulloso de serlo. Está orgulloso de existir pero no creo que haya nadie que lo desee por sí mismo, sino que a todos los creadores de cine “low cost” les gustaría poder hacer la misma película pero con más medios.

 

El pasado 2 de diciembre, el realizador Javier Giner , que presentó su cortometraje de docu-performance llamado "Julia de Castro, de la Puríssima, Anatomía de una criminal", respondía a la pregunta que le lanzó un asistente al ciclo: "Y vosotros, ¿a qué os dedicáis?", con una pertinente comparación: En 1980 Pedro Almodóvar hizo “Pepi, Luci i Bom y otras chicas del montón” que es claramente una película “low cost” (fue rodada con unas 500.000 pesetas, 3.000 € actuales). La película se estrenó en el festival de San Sebastián y aunque no tuvo una acogida excepcional funcionó como pistoletazo de salida para un director que acabaría siendo consagrado. En este caso, el “low cost” funcionó como una carta de presentación de alguien con muchas ganas y talento para hacer cine. En cambio, actualmente, muchos de los cineastas que empiezan en el “low cost” se quedan en el “low cost”. La excepción, de momento, sería el director Carlos Vermut, que después de que su primera película "Diamond Flash" circulara por internet y se acabara considerar ando como obra de culto, tuvo la oportunidad de hacer "Magical Girl", que recibió la Concha de Oro a la Mejor Película y la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián.

 

 

Me gustaría pensar que si el cine “low cost” puede dar alguna lección no es que las películas se pueden hacer sin dinero, sino que para hacer una buena película quizás no sea necesario tener grúas, efectos especiales, toneladas de maquillaje y actores con altísimo caché. Que tan solo es necesaria una buena idea, y atreverse a romper moldes, no tener miedo a arriesgar. A partir de aquí, podemos entrar en el debate sobre el presupuesto, la dignidad de los que se dedican al cine, el trabajo gratis y un largo etcétera. Pero creo que iniciativas como el Ciclo de cine Low Cost, deben leerse también como reivindicación y como protesta.

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Marga Almirall

Marga Almirall (La Floresta, 1989) vio un día "Fresas salvajes" en una pantalla de ordenador (no tenía televisor) y decidió que lo que más le gustaba del mundo era el cine. Eso la llevó a engordar las filas de los licenciados en Comunicación Audiovisual que no saben qué hacer con su vida. Después de vivir un tiempo en Estambul y en Roma, estudió crítica de cine en la escuela Estudiodecine y Montaje Audiovisual en la UPF. Su última afición es acudir a los festivales de cine como Jurado joven (Sitges) o con el campus de jóvenes críticos (D’A) o simplemente como espectadora, intentando tener siempre despierto el espíritu crítico.