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L'Alternativa 2015

El riesgo

 

Tariq Porter

 

Hace ya 22 años que se celebra en Barcelona L’Alternativa, un festival que, como su nombre indica, quiere ofrecer al público cinéfilo una ventana de exhibición alejada de moldes comerciales. A lo largo de sus más de dos décadas se han proyectado centenares de películas y convocado multitud de talleres, conferencias y otros actos relacionados con un cine evidentemente minoritario que encuentra en este marco un ambiente ideal. Por esa razón, debía ser especialmente delicada la incursión en la ciudad de otro festival similar que, hace ya un lustro, copa la atención de la cinefilia barcelonesa. A pesar de que el D’A, Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona, tiene una programación menos arriesgada y más cercana a cánones tradicionales de la ficción audiovisual, se antoja como una competencia –indirecta, quizás– al ya veterano festival L’Alternativa, de por si sufrido por un presupuesto en exceso limitado.

 

Éste, con todo, ha seguido con su insobornable trayectoria con propuestas inconformistas y cinematografías cuasi marginales emparentadas con el videoarte y la creación audiovisual menos ortodoxa. Eso, por un lado, lo ha posicionado como un festival de referencia para todo submarinista de aguas remotas, pero también ha ahuyentado, muy a menudo, a los nadadores ocasionales para los que el cine es, ante todo, un ejercicio lúdico. L’Alternativa, Festival de Cinema Independent de Barcelona se encuentra ahí con una disyuntiva esencial que lo determina y determinará, posiblemente, su viabilidad en un futuro próximo: seguir la senda del cine más experimental, una suerte de extensión ampliada del Xcèntric del CCCB, o plantearse algún tipo de acercamiento a un público menos específico sin perder su espíritu.

 

Mi experiencia en esta 22ª edición fue interesante pero algo agotadora en este sentido, condicionada quizás por una selección personal falta de heterogenia o, simplemente, afinidad. El gozo en L’Alternativa está supeditado a una muy concreta predisposición como espectador en el que la atracción o el rechazo, como en el arte conceptual, no aceptan condonaciones de tipo recreativo. O lo tomas o lo dejas, pero borra el entretenimiento de la ecuación. Eso, si acaso, es una virtud añadida. L’Alternativa es otra cosa; expresionismo y disertación.

 

Une jeunesse allemande

 

Así, empezaba mi excursión por el festival con “Une jeunesse allemande”, documental que usa únicamente material de archivo para hablar de un potente episodio de la historia reciente de Alemania. Esta contundente ópera prima del francés Jean-Gabriel Périot tiene un pronunciado espíritu contestatario en sus formas como en su mensaje, afronta al documental clásico y a la observación acrítica de hechos históricos. El relato del caso de Andreas Baader y Ulrike Meinhof, hijos de la Alemania nazi que fundaron un movimiento extremista de izquierdas, lo contextualiza Périot con una riqueza archivística extraordinaria que da pie a un discurso complejo y profundo, invitando a revisar no sólo ese caso sino la Historia reciente de Alemania y Europa. Esta riqueza es inevitablemente densa y difícil de absorber en un solo visionado, por lo que requeriría posiblemente una segunda inmersión, más analítica que formal, para desgramar todas las capas que contiene. Se trata, con todo, de una excelente síntesis que fácilmente podemos espejar en la actualidad: la ambigua definición –y utilización—de la seguridad ciudadana, la reiteración de ciclos y tendencias políticas y las consecuencias personales del mediatizado hostigamiento ideológico por parte del poder.

 

Mucho más llano, a priori, era el segundo documental que vi, “Next”, dirigido por Elia Urquiza. La ópera prima de la joven directora navarra afincada en Estados Unidos expone las peripecias de varias aspirantes a actrices que viven en Hollywood, niñas preadolescentes que animadas por sus padres acuden a innumerables castings y hacen todo tipo de cosas anhelando convertirse en estrellas. Urquiza propone un film dividido en capítulos que resume, en buena parte, el calvario quizás inconsciente por el que pasan las chicas. Su constante puesta a prueba, la tensión de la competitividad y la obsesión por triunfar van calando en ellas y el espectador, y sin entrar en el lenguaje tendencioso despierta un creciente desasosiego que se materializa en una última y lapidaria frase, pronunciada por una de las niñas protagonistas.

 

Stand By for Tape Back-Up

 

Otra de las películas que podíamos ver este año en L’Alternativa es la especialísima “Stand By for Tape Back-Up”, de Ross Sutherland. Este documento, impresionante alegato a la memoria personal a través del collage audiovisual, fue programado previamente en Atlántida Film Fest, como comentábamos en la crónica.

 

Algo más difícil fue la sesión doble compuesta por “Sueñan los androides”, de Ion de Sosa, y una de las más esperadas películas del festival: “Counting” de Jem Cohen. Empezando por Sosa, me cuesta notablemente hablar de su film sin recordar el hastío, entre el aburrimiento y la exasperación, que sentí en la sala del CCCB. “Sueñan los androides” bebe de “Blade Runner” –aka “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick– respondiendo a la pregunta que el mítico escritor planteó en su título original. La idea tiene ingenio, y la obra personalidad y algunos momentos gráciles, pero es mayormente un ejercicio masturbatorio que el director alarga hasta unos incomprensibles 60 minutos. Planos estáticos, lánguidos y anodinos pueblan la pantalla ante la paciente mirada del público. Pero es tal el abuso que el relato –el cine, incluso– deviene un oasis entre postal y postal, una obra autocondenada al ostracismo que pone a prueba la serenidad de cualquiera.

 

Quizás por eso también Cohen me resultó difícil. “Counting” es un purísimo documental de dos horas basado en la observación. A través del registro en viajes o en su ciudad, Nueva York, Cohen exhibe en la pantalla detalles de observador en que apenas hay diálogo o hilo conductor. Sólo la mirada como lenguaje y las imágenes como testimonios de espacios, culturas, individuos o nimiedades que no lo son tanto. Así, “Counting” fue, de algún modo, un fin de festival sintomático. La mitad de la sala –poblada en parte por un público proclive a este tipo de propuestas– desertó antes del final, y yo, con el “Directed by”, me despedí no sin cierta resignación, más por cansancio que por desinterés, del festival más radical, para bien y para mal, de Cataluña y cercanías. Veremos cómo va evolucionando, y en un año nos sumergiremos de nuevo, buscando más perlas. De momento, por favor, que sigan muchas ediciones más.

 

Counting

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.