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Wes Craven

Un homenaje en diez películas

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Freddy Krueger no se colará en ninguna pesadilla adolescente esta noche. Sobre el subconsciente de la calle Elm, la habitual banda sonora de perturbadoras tonadas infantiles ha dado paso a un luctuoso silencio. No hay cuchillas dispuestas a rasgar las paredes de la oscuridad, el sombrero de Fedora se mantiene respetuosamente pegado al pecho, lo mismo que el mentón cauterizado. Ha muerto Wes Craven, el realizador que surgió de la sexploitation setentera, que supo popularizar el mal rollo de Serie B hasta convertirse en rey del terror juvenil ochentero, y que lideró incluso las tendencias autorreferencial y metafílmica de los noventa. Tres décadas largas provocando escalofríos gracias a su buen mal ojo y a una espectacular capacidad para el reciclaje de ideas ajenas. Tanta paz lleve como traumas sembró en nuestra generación. A continuación, las diez películas más representativas de su trayectoria en orden ascendente para quien esto firma, un plumilla que jamás olvidará la tarde-noche de 1985 en que introdujo la cinta de “Pesadilla en Elm Street” en su reproductor VHS. Por Milo J. Krmpotic'

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10 - “Música del corazón” (1999)

 

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Al borde del cambio de milenio, a Meryl Streep sólo le faltaba tocar el violín y Craven se encargó de darle uno. Tiene narices, sí, que iniciemos este recorrido por la filmografía de un maestro del terror con el único largo en que se alejó del género (si es que la frase de apertura no le ha puesto a más de uno el vello de punta), pero esta obra canónica sobre una mujer enfrentada al sistema por sus particulares ideas pedagógicas y sobre la música como elemento corrector de existencias torcidas demuestra la habilidad y permeabilidad del amigo. El film se saldó, por cierto, con la duodécima nominación al Oscar para la Streep, pero le quedaban aún otras cinco antes de sumar la tercera estatuilla.

 

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9 - “Amiga mortal” (1986)

 

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De hecho, Craven ya había querido ponerse serio en esta adaptación de la novela Friend de Diana Henstell (o, por lo menos, todo lo serio que se pueda uno mostrar con un proyecto que mezcle zombis e inteligencia artificial). Pero “Elm Street” era el referente inmediato y los productores exigieron muertes truculentas y mucha más sangre de la derramada en la primera versión. El resultado fue, en efecto, un muerto viviente plagado de cortocircuitos, aunque vale la pena recordarlo por tratarse del primer papel protagonista de una Kristy Swanson que, a sus 16 primaveras, apuntaba a estrella en aquella década tan teen.

 

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8 - “El sótano del miedo” (1991)

 

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El matrimonio Hurley de “Twin Peaks” (Wendy Robie y Everett McGill) dio el salto a la gran pantalla como dueños de una casa donde los niños o bien se ven encerrados en el sótano y desarrollando tendencias caníbales o acaban viviendo escondidos tras las paredes falsas. La irrupción del pequeño Fool lo pone todo patas arriba, pero nos permitirá ver a McGill completamente enfundado en cuero negro y nos recordará los horrores que es capaz de albergar el hogar norteamericano de clase media.

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7 - “La serpiente y el arco iris” (1988)

 

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Recién salido de “Spaceballs”, Bill Pullman se convierte en un antropólogo al que una farmacéutica paga (como veremos, no lo suficiente) para que acuda a Haití en busca de una droga que los lugareños utilizan en sus ritos de vudú y que la compañía aspira a patentar como anestésico. Así, mientras se enfrenta a malvados hechiceros y a los no mucho más simpáticos Tonton Macoutes de Jean-Claude Duvalier, el protagonista será enterrado en semi-vida junto a una tarántula y verá cómo le clavan el escroto a una silla. Quienes no estén cerrando los ojos por la impresión, que marquen con este film el casillero de concienciación política en la filmografía craviana.

 

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6 - “Vuelo nocturno” (2005)

 

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En su regurgitación de los miedos post-11S, por cierto, Craven tuvo el buen gusto de no jugar la carta étnica. Así, el terrorista con el que va a topar Rachel McAdams durante un vuelo nocturno (o de “ojos rojos”, de ahí el “Red Eye” del título original) entre Dallas y Miami luce los irlandeses rasgos de Cillian Murphy (el actor con los pómulos más inquietantes que servidor haya conocido). Ella quiere volver a casa; él, que le ayude a asesinar al mandamás del Departamento de Seguridad Nacional. Y, mientras se mantienen en el aire, la tensión funciona razonablemente, pero la persecución tras tocar tierra discurre por caminos ya bastante transitados.

 

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5 - “Shocker” (1989)

 

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Un lustro antes de convertirse en el director Skinner de “Expediente X”, Mitch Pileggi ejerció aquí de pluriempleado: a ratos reparador de televisores, a ratos asesino en serie delirante. Y es que, pacto diabólico de por medio, la condena a la silla eléctrica le permite convertirse en un ente capaz de viajar por cable y poseer el alma del más pintado. A destacar, por un lado, la mala baba marca de la casa: Horace Pinker, que así se llama el criminal, acaba con la madre, el hermano, la hermana y la novia del protagonista (Peter Berg); por otro, los cameos de Timothy Leary y Eric Singer, y el infalible uso del “No More Mr. Nice Guy” de Alice Cooper en la banda sonora.

 

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4 - “Las colinas tienen ojos” (1977)

 

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Ojo, con o sin colina, que nos adentramos en territorio de leyenda (quien se declare fan del género y no guarde en su memoria la imagen del Pluto de Michael Berryman es un farsante); esto es, por un desierto que desaconseja vivamente cualquier idea de viaje en familia. Así, los inocentes Carter (con Dee Wallace haciendo sus pinitos como Scream Queen) serán, según el caso, quemados vivos, violados o acuchillados en una orgía de sangre de la que, frente al Hollywood más conservador, no se salva ni el perro. Es lo que tiene dar con un clan tan desestructurado (y caníbal) como el que lidera papá Jupiter.

 

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3 - “Scream” (1996)

 

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Casi dos décadas después del “Halloween” de John Carpenter, una larga desde la llegada de Freddy Krueger, el género de psycho-killers sedientos de sangre adolescente, por trillado, había generado una serie de pautas claramente reconocibles. Tras beber en su prólogo del “Llama un extraño” de Fred Walton (y también de “Psicosis”, claro, habida cuenta que la actriz del mismo era Drew Barrymore), el guión de Kevin Williamson supo dar una vuelta de tuerca (y dos, y tres, y catorce) a lugares comunes como la importancia de mantenerse virgen para conservar la vida o la condena a muerte escondida en frases tan aparentemente inofensivas como “voy a echar una meada, ahora vuelvo”. El slasher, pues, se devoró a sí mismo para sobrevivir (Craven dirigiría hasta tres secuelas entre 1997 y 2011). Y, como anécdota, cabe recordar el título original del proyecto: “Scary Movie”.

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2 - “La última casa a la izquierda” (1972)

 

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Cuentan que, cuando Wes Craven se alió con Sean S. Cunningham (futuro firmante de “Viernes 13”) para dirigir su ópera prima, “La última casa a la izquierda” aspiraba a partir del subgénero de violación/venganza para desembocar en el cine X. Cuentan también que, a mitad del rodaje, las escasas perspectivas comerciales de tal catalogación llevaron a sus responsables a quitar el pie del acelerador, con lo que las secuencias más explícitas se tiraron a la basura. Pese a ello, los resultados acabaron siendo tan atroces que el film fue distribuido en versiones de entre sesenta y noventa minutos, según la cantidad de material censurado en cada país. De factura tan cruda como perturbador era su contenido, llegó a las salas norteamericanas a la vez que “Garganta profunda” y ambas obtuvieron su premio en taquilla: en lo que a la propuesta de Craven se refiere, los 87.000 dólares de presupuesto se transformaron en tres millones como tres soles. Y cuán proceloso fue el final de la Era de Acuario, proclamamos.

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1 - “Pesadilla en Elm Street” (1984)

 

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El villano de la anterior, bautizado como Krug en “homenaje” a un compañero de escuela que solía acosar a Craven, se transformó aquí, literalmente, en el material del que están hechas las pesadillas (y, si al título nos referimos, hay que añadir que Elm fue la calle de Dallas donde John F. Kennedy perdió la cabeza a balazos). Tras Michael Myers (cuchillo XXL) y Jason (machete, aunque no le hacía ascos a ninguna otra herramienta punzante), Freddy Krueger y su guante cerraron la tríada de asesinos en serie ochenteros, más o menos sobrenaturales y devotos de la escabechina juvenil. Con el añadido de que su naturaleza onírica le permitía llegar mucho más lejos que cualquiera de sus colegas. Secuencias como la de la bañera o la de los brazos de acordeón, entre el debut de Johnny Depp y la presencia del gran John Saxon, se convirtieron en clásicos y abrieron la veda a hasta ocho títulos más protagonizados por un personaje que, en su última entrega, por aquello de adecuarse al signo de los tiempos, gastaba pasado pedófilo.       

 

Comentarios
Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com