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InauguracionSEFF

SEFF' 2014 

Crónica Vol. 1

 

Tali Carreto

 

Miércoles 12 de noviembre. Diario de a bordo: llevamos cinco días embarcados, zarandeados por la fuerza de “Leviathan” y preguntándonos si sobreviviremos a “Las altas presiones”. Apenas hablamos ya, como esos sordomudos de “The Tribe”, aturdidos también por la música que nos golpea cada SEFF Noche. Justo a punto de doblar el ecuador de nuestro periplo por un océano de celuloide, la odisea está siendo provechosa: hemos encontrado brillantes tesoros inesperados, engañosos cantos de sirena y alguna que otra buena melopea. Con perdón.

 

 

Siempre que uno llega a mitad de camino de un festival, sea de cine, de música o de tunas universitarias, surge la misma pregunta: ¿vaso medio lleno o medio vacío? Obviando el mundo (siempre tan inopor) tuno, cuando se trata de festivales de música o de cine llegar a medio camino supone el momento del balance y de preguntarse si lo recorrido ha merecido la pena o no, y sobre todo, ¿qué más queda por llegar?

 

Claro que es justo ser optimista, tratándose pues de un festival como el de Sevilla, con una programación tan extensa como variopinta: aquí igual te encuentras con la última peli que arrasó en Sitges, pero también con la penúltima obra comprometida del director denuncia de turno. Cero prejuicios y mucho riesgo. Y eso, en estos tiempos tan poco proclives al inconformismo como los que vivimos, es de agradecer.

 

Y gracias a ese eclecticismo marca de la casa y de tal falta de prejuicios, nacen coincidencias espacio-temporales que harían las delicias de estudiosos de los polos opuestos. Como muestra, un botón: el viernes arrancaba el Festival con el estreno de “La ignorancia de la sangre”, nuevo intento fallido de llevar a la gran pantalla las investigaciones del inspector Falcón creado por Robert Wilson y que transita por un camino de nadie entre el thriller rutinario y el telefilme de sobremesa. Aunque, eso sí, la película cumplía a las mil maravillas con el guión de gala, star system patrio mediante: Paz Vega y Juan Diego Botto se llevaron la mayor parte de los flashes de la noche.

 

Pero fíjense amigos que, oropeles de gala inaugural aparte, el foco de atención cinéfila se centraba esa misma noche y a la misma hora en otra inauguración, la de la Selección EFA, con la proyección de “The Tribe”, una de las más esperadas tras haber arrasado a su paso por Cannes, Sitges y Toronto. Incómoda para algunos, hipnótica para otros, epatante al fin y al cabo para todos, la monumental película del ucraniano Myroslav Slaboshpytskiy se mueve como pez en el agua (muy turbia, eso sí) en los cánones del relato chungo de iniciación y el thriller de lumpen y alto voltaje. Sin duda, el filme más silente de toda la programación –no hay diálogos ni subtítulos en una historia protagonizada por actores no profesionales y sordomudos- se llevó la primera gran ovación del público. Y algún que otro grito, claro.

  

 

La otra joya de los primeros días vino también del frío: “Leviathan”, la tragedia de intenciones satíricas de Andrei Zvyagintsev es una radiografía tan sólida como estremecedora de la Rusia actual y su película, sin duda, más redonda desde “El regreso”. Todo lo contrario de Larry Clark y “The Smell of Us”, sempiterna y repetitiva revisitación rodada en Francia de su recordada “Kids”, y que bien pudiera resumirse acogiéndose al gracejo sevillano: “Es lo mismo, pero no es igual”. Una lástima que Clark ande más desorientado últimamente que un anacoreta en el Ikea y el enésimo relato de sus jóvenes airados produzca más grima que buenas sensaciones.

 

Claro que, si lo que te interesa es tomarle el pulso a la muchachada, puedes estar tranquilo: aun quedan cineastas con la frescura de Asia Argento, que llena de tremendamente contagiosa sensación de felicitá cada secuencia de su personal “Amarcord”, la muy recomendable “Misunderstood”. O con la naturalidad de Céline Sciamma, que vuelve a demostrar con “Girlhood” tras la sensible “Tomboy” el buen ojo que tiene para retratar los años difíciles y la necesidad de todo adolescente por encontrar una identidad. Una película de pandilleros que, increíblemente, evita los tópicos del subgénero con insultante facilidad.

 

 

Y si de juventud (divino inodoro) va el tema, conviene no perderse el tour de forcé de uno de los actores jóvenes más interesantes del panorama actual: Adam Driver en “Hungry Hearts”, no en vano Copa Volpi al Mejor Actor en el pasado Festival de Venecia. Si este chico ya nos robó el corazón en “The Perks of Being a Wallflower” –filme a reivindicar por futuras generaciones con corazoncito, aviso- y la cartera en “Girls”, en la película a caballo entre el drama doméstico y el terror psicológico de Saverio Costanzo el norteamericano demuestra que está llamado a ser uno de los actores del Hollywood futuro. Habrá que rezar para que “Silence”, lo próximo de Scorsese, le encumbre como se debe. Apunten otro nombre nuevo a retener en la memoria: Itsaso Arana, vista hasta ahora en teleseries como “El don de Alba” o “Ángel o demonio”, y que en “Las altas presiones” brilla en cada plano en el que aparece. Tras la irregular crónica de la deriva generacional en la que nos hayamos que propone el también jovencísimo Ángel Santos, lo que más permanece tras los restos del naufragio es sin duda su rostro, que pide a gritos más papeles de enjudia.

 

De rostros bellos (Gaspard Ulliel, Léa Seydoux…), cómo no, también estaba repleto el cast de “Saint Laurent”, el biopic emprendido por Bertrand Bonello sobre el visionario modista sin autorización de Pierre Bergé, viudo y vigilante de su legado. Poliédrica, esteticista (a ratos se diría que De Palma va a salir montado en la silla de director en algún plano) y a ratos desconcertante, no solo ha sido una de las películas-evento de esta edición; también sirvió para poner título a una de las jornadas musicales del festival, esa Noche Film & Fashion donde Sid Le Rock, genio y figura, se metió al respetable en el bolsillo y que ya es por méritos propios uno de los highlights fiesteros de lo que llevamos metido en el cuerpo. Otros momentos memorables de SEFF Noche: Borja Cobeaga –que presenta aquí “Negociador”, su último trabajo- emulando a Julie Andrews en pleno bailoteo en la Sala X (de conciertos, no sean malpensantes), Los Quiero y Beautiful Señoritas poniendo a público e invitados patas arriba un lunes de madrugada, y alguna que otra cogorza digna de Richard Burton.

 

No está nada mal para haber llegado solo a mitad de camino. Seguiremos informando, si el tiempo lo permite.

 

 

 

 

 

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Comentarios
Tali Carreto

Siempre fui un adicto al lado oscuro: de renacuajo metido entre sábanas con linterna y libro pasé al peterpanismo de coleccionista compulsivo pre-síndrome de Diógenes. En mi CV puedo presumir de haber montado, en compañía de colegas ilustres, saraos como el Monkey Week y cabeceras como FREEk!, pero también, ojo, de tener el record mundial de visionados de “Tiburón”. Spielberg debería meterme en los créditos de la próxima edición en Blu-Ray, créanme. Además he trabajado en el maravilloso mundo de la comunicación en festivales tan dispares como los de Málaga o Berlín y con activos culturales tan diferentes como un documental narrado por DiCaprio o el debut de altos vuelos de Pájaro. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.

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