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SEFF' 2014 

Sevilla tiene un color especial

 

Tali Carreto

 

Desde que José Luis Cienfuegos tomara los mandos de la nave tras su alabado paso por Gijón, Sevilla Festival de Cine Europeo ha emergido de entre las aguas del Guadalquivir como el destino ideal para un otoño de (buen) cine. El tercer año de esta nueva etapa nos regala una programación tan variopinta como efectiva, que bascula entre los nombres consagrados –Mike Leigh, Larry Clark, Alain Resnais, Frederick Wiseman…- y la savia joven de descubrimientos como Alice Rohrwacher, Óscar Ruiz Navia o los hermanos Safdie. Del 7 al 15 de noviembre, Sevilla tiene por fin un color especial. Y aroma a celuloide.

 

 

A algunos les sorprenderá la elección de una largometraje basado en un best seller como filme inaugural en un festival de este calado. Pero basta recordar que “La ignorancia de la sangre” –retorno de Manuel Gómez Pereira al thriller quince años después de “Entre las piernas”- se rodó en la capital andaluza y que cuenta con una star de Sevilla al mundo como Paz Vega en su reparto para cerciorarse que no había, quizás, mejor estreno posible. 

 

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Además, el SEFF siempre ha brindado su personal apoyo al cine español, y demostrado queda aun más ahora con el citado Cienfuegos al frente, que no dudó en abrir las dos últimas ediciones con dos concesiones a la galería nacional como fueron “Fin” y “3 bodas de más”.

 

Claro que en una cita como ésta, guiños al star system patrio aparte, lo esencial es poder degustar ese cine español al margen que encuentra por unos días aquí un oasis de atención y proyección (nunca mejor dicho). Así, podremos acompañar al protagonista de “El camino más largo para volver a casa” en su odisea urbana o adentrarse en el bosque maqui de “Equí y n’otru tiempu”, ajustar cuentas con la memoria –histórica, vital, existencial- en “La fosa” o preguntarse por el presente sometido a “Las altas presiones”, mirar con los ojos de otro la realidad de siempre en “País de todo a 100” (de un Pablo Llorca que visita el festival por partida doble, con ésta y “El gran salto adelante”) o frente a frente a otro paisaje igual de duro en “Remine, el último movimiento obrero”

 

 

De hecho, SEFF cuenta con una sección dedicada íntegramente al celuloide made in Spain más beligerante y menos conformista, Resistencias, todo un compromiso digno de alabanza. En esta tabla de salvación para los cineastas más atrevidos –con premio otorgado por un jurado FIPRESCI incluido- podremos disfrutar de auténticas bizarradas como “Sueñan los androides”, casi un “Blade Runner” en clave chanante, reencontrarse con veteranos en el noble arte de nadar a contracorriente como Gonzalo García Pelayo y sus “Niñas” o asombrarse ante obras tan singulares como “Cábala caníbal”, indagación en el ocultismo y la historia negra de nuestro país que cuenta entre sus productores con un habitual en festivales como Luis Miñarro.

 

No es Miñarro el único nombre ubicuo en festivales. Solo la Sección Oficial ya es un hervidero de clásicos en estado de gracia: el sueco Roy Andersson reivindicado en Venecia con “A pigeon sat on a branch reflecting on existence”, el llorado Alain Resnais con la póstuma pero vitalista “Aimer, boire et chanter”, un retornado Pedro Costa con la inspirada “Cavalo Dinheiro” o un Mike Leigh saliendo de nuevo airoso de los peligrosos terrenos del biopic con “Mr. Turner” tras “Topsy-Turvy”, aquella recreación de los compositores Gilbert y Sullivan que tantos elogios también desatara.

 

 

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Precisamente la música parece ser una de las constantes en esta edición: la actitud punk es rastreable en “Misunderstood”, ejercicio autobiográfico emprendido por Asia Argento entre la mitomanía y lo confesional, y en “The smell of us”, enésimo retrato generacional resuelto por Larry Clark con su ya habitual angst juvenil, y a todas luces innegable en “La más macabra de las vidas”, una Polaroid hecha a retazos –películas, noticiarios, spots, directos y entrevistas- de Eskorbuto y los años 80 que lo parieron. No se vayan, aun hay más: Joy Division presta nombre a “Something must break”, melodrama fou con algo de Gregg Araki y mucho de fatalidad; Madonna y Yoko Ono se cuelan oportunamente entre las fans de Pussy Riot en “The Term”; el genio austríaco de la electrónica, Fennesz, arropa sonoramente el collage de su compatriota Gustave Deustch en “Film ist. A girl & a gun”; Antony and The Johnsons, CocoRosie y Pj Harvey acunan la crónica denuncia de la prostitución femenina entre la rabia y la tristeza de “Whore’s Glory”

 

Aun queda tiempo para las caras B: en “Más allá del flamenco”, por ejemplo, conoceremos dentro del Sadler’s Wells, teatro reconvertido en tótem de la danza contemporánea, como la tradición puede ser germen de la vanguardia; y en “Patuchas, el hombre de los mil limones” se nos revelará la historia tras el fenómeno mediático que fue Juan Antonio Castillo “Canta”, que dejó Pabellón Psiquiátrico para volver loca a España con una canción y 40 limones.

 

Y si aun hay ganas de mambo, SEFF Noche te invita cada ídem a una sesión continua –nueve noches, nueve directos- de conciertos y sesiones de djs, que alternan el ruidismo furioso de Fabuloso Combo Espectro, la experimentación visionaria de Silver Apples, el glamour techno de Sid Le Rock o la urgencia pop de Cosmen Adelaida, por citar solo cuatro de los nombres implicados. También habrá música en directo en el Maratón Grotesco Palomitero, la de Termita y Desastre, como aperitivo y entremés antes y entre las sesionas muy golfas de “Pánico en el Transiberiano” y “Aquella casa al lado del cementerio”, impepinables cult movies del eurotrash.

 

 

Hay mucho, muchísimo más (echen un vistazo aquí y maldecirán no dar con sus huesos en Nervión este noviembre), pero déjenme aconsejarle tres perlas como despedida: “Goodnight mommy”, reverso -aun más- tenebroso de “El otro” tan inquietante como magistral; “The tribe”, sin duda una de las sensaciones de la temporada y que encierra, más allá de su premisa-coartada (es la primera película hablada íntegramente en lenguaje de signos), un discurso narrativo de órdago; y ese “Leviathan” de Andrey Zvyagintsev que disecciona con pulso firme de cirujano un paisaje desolador tan lejano en distancia como cercano en identidad: la Rusia de las corruptelas políticas y las diatribas religiosas. Como aquella película de Wenders: tan lejos, tan cerca.

 

O como el SEFF, que nos hace sentirnos un poquito más europeos por unos días sin temor a la Merkel.

 

 

 

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Comentarios
Tali Carreto

Siempre fui un adicto al lado oscuro: de renacuajo metido entre sábanas con linterna y libro pasé al peterpanismo de coleccionista compulsivo pre-síndrome de Diógenes. En mi CV puedo presumir de haber montado, en compañía de colegas ilustres, saraos como el Monkey Week y cabeceras como FREEk!, pero también, ojo, de tener el record mundial de visionados de “Tiburón”. Spielberg debería meterme en los créditos de la próxima edición en Blu-Ray, créanme. Además he trabajado en el maravilloso mundo de la comunicación en festivales tan dispares como los de Málaga o Berlín y con activos culturales tan diferentes como un documental narrado por DiCaprio o el debut de altos vuelos de Pájaro. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.