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Mi Loco Erasmus

Lo Imposible

 

Óscar Broc

 

Por fin podemos disfrutar de “Mi loco Erasmus” en DVD. Había ganas de atesorar esta joya patria en la estantería, de ponerla una y otra vez en casa hasta escupir pedazos de cerebro en la alfombra. Dos años después de su estreno, el primer largometraje de Carlo Padial sigue siendo una anomalía topográfica de cojones en una geografía audiovisual más plana que el encefalograma de Paco Buyo. Hete aquí el homenaje de Blisstopic a una chaladura de peli y a su director.

 

Cine low cost y posthumor: etiquetas que surgen a puñados en todas las entrevistas o artículos dedicados a Carlo Padial. Se trata de acotaciones en parte ciertas –filma sus piezas con cuatro perras gordas y su rollo trasciende la comedia al uso–, aunque a estas alturas ya son insuficientes para contener el sombrío, histérico y delirante universo del autor barcelonés. Si no me creéis, buscad su reciente cortometraje “Nuestro porno favorito” en Internet, chaladura máxima.

 

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Autor de cómics, escritor –uno sus libros, “Erasmus, Orgasmus y otros problemas” podría ser tomado como la fuente inspiración del DVD que nos ocupa–, monologuista sui generis, vídeoterroristagangsta, Padial es de una viscosidad a prueba de categorizaciones. Se escurre con gloria de términos como humorista, director, guionista… No hay forma de ubicarle. Por mucho que comparta una visión girada del mundo con la escuadra del posthumor (Miguel Noguera, Venga Monjas, etc.), se ha convertido en una república independiente de nuestro panorama audiovisual, una voz única cuyas claves confluyen con la fuerza de una manguera antidisturbios en su primer largometraje, “Mi loco Erasmus” (2012). La recientísima y esperadísima edición en DVD de la película (vía Cameo) es la excusa ideal para meternos en su cabeza. Peligro.

 

Definir “Mi Loco Erasmus" es como intentar descifrar un dibujo muy loco de Escher. Así, a bote pronto, diría que es un falso documental sobre el proceso creativo de un documental que trata de reflejar los despiporres etílicos de los estudiantes Erasmus en Barcelona. Pero el supuesto loop de partida de la película no es más que un espejismo para incautos. Lo que empieza como un mockumentary sobre un documental de Erasmus, un metadocumental medio fake vamos, termina convirtiéndose en una exploración enfermiza y catatónica de Didac Alcaraz, el atribulado director del proyecto de los Erasmus y el protagonista del film.

 

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Con este mareante juego de espejos, “Mi loco erasmus” desoye su propio formato desde el minuto uno y deriva en una inmersión visualmente catatónica en los estragos de Alcaraz, su via crucis para convertir ideas en imágenes sus ideas y terminar infructuosamente el dichoso documental. A Didac Alcaraz ya le había visto y disfrutado como presentador de “Go, Ibiza, Go!”, otra genialidad esquizoide made by Padial que podéis encontrar fácilmente en la red. Pero en “Mi loco Erasmus” el choque con el personaje ha sido de siniestro total. Frontal. Sin luces. Imposible no sentirte fascinado por el tipo.   

 

Desconozco donde termina la realidad y empieza la ficción con un protagonista tan sumamente atípico, tampoco quiero saberlo, de hecho la gracia de la película es no saber nunca dónde está esa línea divisoria. Y lo mejor es que en algún momento, “Mi loco Erasmus” parece contagiarse de los violentos seísmos que sacuden las entendederas de Didac Alcaraz. El mockumentary se sume entonces en una espiral de hibridación de 9,9 en la escala de Richter, revelándose como un virus audiovisual de alta ferocidad que va mutando como alma que lleva el diablo, poniendo patas arriba  sistema inmunológico del espectador, incapaz de adaptarse tan rápido a la centrifugación animal de contenidos, los continuos cambios de formato, las sucesiones nerviosas de planos, los lecherazos de imágenes subliminales y psicofonías.   

 

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Troceada, espasmódica, hiperactiva, “Mi loco Erasmus” exhibe un aprovechamiento voraz de cualquier recurso narrativo posible –desde mails personales a pasajes de animación– y te obliga a imaginar a Padial en la sala de montaje, con el “Eazy-Duz-It” a un volumen atroz, montando escenas a toda pastilla, los globos oculares a punto de explotar, atacado vilmente por una neurosis creativa de padre y muy señor mío… Sudando… Sufriendo… Todo muy deprisa. Y en esta vorágine de estímulos tenemos una falso documental que no lo es, porque es la historia de un marciano llamado Didac Alcaraz. Y también una peli de horror psicológico –la escena inicial de Alcaraz mostrando dibujos frenéticamente, en un estudio asfixiante–; un drama absurdo y enternecedor –la increíble abuelita del protagonista–; una comedia con toda la osamenta dislocada –lo encuentros entre Alcaraz y Miguel Noguera te rompen– y una crítica amarguísima de Barcelona –el final es demoledor–. Una anticomedia multimedia, sombría, experimental y fragmentada. Algo nuevo y extraño. Reírte con ella es como chupar una pila. Compradla, por favor. 

 

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