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ComisArt

El big bang de la narrativa

 

Laureano Debat

 

La poesía es el lugar ideal para romper los moldes de cualquier narrativa. De hecho, su nacimiento parte de esa ruptura. Por eso no es casualidad que un verso de Alejandra Pizarnik haya sido el leitmotiv que articula la ética y estética de la nueva edición de Comisart en CaixaForum Barcelona.

 

“Hablo, sabiendo que no se trata de eso” inaugura el primer tramo de un tríptico que invita a jóvenes artistas a comisariar una exposición con obras de las colecciones de La Caixa y del MACBA, incorporando también otras obras de nuevos artistas. En esta oportunidad, el sevillano Juan Canela ha sido uno de los ganadores de un concurso en el que se presentaron más de 40 artistas.

 

“Sus poemas son muy conscientes de los límites que tiene el lenguaje para transmitir determinadas cosas”, dice este curador y crítico de arte sobre la poetisa argentina releída para esta exposición que nace con la idea de investigar nuevas formas de narrar el mundo, proponiendo otro orden y recorrido. En este caso, dentro del arte contemporáneo.

 

Las influencias de Juan Canela se reparten entre el desorden dadaísta, la espontaneidad sorpresiva del teatro de la crueldad de Antonin Artaud y la novela "El ruido y la furia" de William Faulkner. O sea, referentes culturales que proponen un desafío al momento de trabajar con sus respectivos lenguajes, haciéndolos fluir de una manera poco habitual.

 

“La idea es fijar nuestra mirada no tanto en lo que la obra de arte representa sino en lo que produce”, dice el curador sobre esta primera parte de Comisart. Por eso recurre al concepto de performatividad, a la idea de hacer algo y no de representarlo. Y desarrolla un dispositivo inquietante en una sola sala utilizando obras de 17 artistas, 6 de la Colección La Caixa, 6 de la del MACBA y 5 obras de otros artistas que las han cedido exclusivamente para esta exposición.

 

De esta manera, entramos en una sala cuadrada y las dimensiones comienzan a trastocarse. El espacio se ha dejado diáfano a propósito, no sólo para dejar que la arquitectura forme parte también de la exposición sino fundamentalmente para que las obras se pongan en relación unas con otras.

 

 

No hay recorrido prefijado. Todo es aleatorio y anárquico. La disposición de las obras invita al inicio de una placentera deriva, comenzando por “El libro transparente”, de Isidoro Valcárcel Medina, un libro con las hojas transparentes que ha sido escrito con palabras inventadas por el mismo artista, cambiando las normas básicas de todo contrato de lectura, de todo lo que se considera normal al momento de leer.

 

Al lado de esta deconstrucción del acto de la lectura está “Numerosis” de Juan López, que parte desde el lado opuesto y propone una reconstrucción de palabras a través de números. Se trata del letrero de neón de una farmacia que fue filmado desde la ventana de un edificio durante 24 horas seguidas. El artista se dio cuenta de que el reflejo de los números digitales del reloj, a medida que iban pasando las horas y los minutos, formaban palabras.

 

En la sala, el video-arte tiene su propia materialidad y nos olvidamos de que se trata de una farmacia. Ya pertenece al museo, parece marcar el tiempo abstracto del visitante a través de un vidrio empañado. Y si las palabras son un hecho aleatorio y nocturno, las vidrieras de Matt Mullican intentan reducir el mundo a formas y colores que lo puedan representar y en el que la geometría y las tonalidades juegan un papel determinante. Un mundo representado como una vidriera, en partes translúcida y en partes opaca.

 

“Not All That Moves Is Red (Telón) #1”, de Asier Mendizábal, intenta el mismo proceso de abstracción pero a través de una especie de bandera roja y negra. El artista vasco decidió representar el mundo a través de los dos colores icónicos en diferentes movimientos políticos, tanto de izquierda como de derecha, todos vinculados con la violencia. La elección de los colores, la decisión de colocarlos en una bandera y de combinarlos con diferentes figuras geométricas reordena una historia mundial en progreso a través de fusiles, discursos incendiarios y plazas de ciudades llenas de gases lacrimógenos.



Los colores juegan un papel decisivo en la exposición, ya sea para materializar íconos reconocibles en nuestro inconsciente con una bandera múltiple o para ocultar fragmentos de una vida. La obra del mexicano Abraham Cruzvillegas, “Autorretrato ciego, escapándome de mí mismo, tratando de recordar el año en que fue publicado Mille plateaux”, fue confeccionada con pintura acrílica lila sobre hojas de periódico, cartón, postales, sobres, dibujos, tarjetas, recibos, servilletas y agujas. Pero lo que se ve es una escultura con módulos violetas ordenados de manera aleatoria, ocultando todos estos materiales bajo la pintura. La información personal no se puede ver, el diario íntimo no se puede leer. Todo el archivo privado ha sido convertido en una escultura abstracta.

 

El punto culminante de la exposición trasciende el propio espacio de la sala pero no se encuentra muy lejos. Sólo basta con salir al patio y hacer unos metros hacia un rincón del edificio, donde está la famosa habitación de plomo del alemán Joseph Beuys, a la que él mismo definió como un “espacio de dolor”. Un cubículo con techo, paredes y suelo íntegramente fabricados en plomo, un material que aísla y que también es tóxico.

 

El artista barcelonés Pep Vidal, además de imitar la iniciativa del Beuys construyendo una cabaña de madera, también visitó en reiteradas oportunidades la habitación de plomo, logrando permanecer dentro hasta tres horas seguidas. En cada incursión, sus sentimientos variaban y nunca una experiencia era igual a la anterior. Podía salir contento o triste, cantar o deprimirse, llorar o gritar o reírse a carcajadas. Sensaciones diferentes y contradictorias que fueron volcadas en un libro que se expone en sala y que suma otra incertidumbre más a esta idea de hablar siempre sabiendo que no se trata de eso.

Laureano Debat

Periodista, escritor y blogger. Nacido en Argentina y radicado en Barcelona desde hace 6 años. Colabora con suplementos culturales, revistas y periódicos argentinos y españoles. Escribe crónica literaria en su blog personal www.barcelonainconclusa.com. Además de escribir sobre libros, exposiciones de arte, música y teatro, ha trabajado en periodismo científico, político, deportivo, de arquitectura, de tendencias, de derechos humanos y de todo lo que sea posible escribir en los límites de la hoja de una libreta de papel y en la virtualidad de un folio de Word. 

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