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¿Sueñan los androides con prótesis de carne y hueso?

 

Laureano Debat

 

Cuando el artista británico Neil Harbisson decidió hacer lo que sea para superar una enfermedad congénita que lo obligaba a ver el mundo en blanco y negro, quizás no tenía pensado convertirse en el primer ciborg reconocido de todo el mundo. O quizás sí. Lo cierto es que desde 2004 lleva implantada en su cabeza una antena que él mismo ayudó a diseñar y que le permite captar todos colores a través de estímulos sonoros. Pero hay más: enseguida se dio cuenta de que el artefacto también lo ayudaba a percibir colores que el ojo humano no podía ver y que incorporando sensores de vibración a su antena podía conocer colores existentes fuera del planeta. Se vio, de pronto, con una capacidad superior a la del resto de los humanos.


En una sala se expone la “Cabeza sonocromática”, una escultura cibernética a tamaño real que imita la antena de Harbisson y que está conectada a unos sensores que captan datos en tiempo real y los transmiten directamente al cuerpo de este artista que decidió convertirse en ciborg y utilizar la tecnología como herramienta de creación pero vinculada con su propio cuerpo. Y con esta afirmación identitaria, llegó la pelea por los derechos de los ciborgs a través de la Cyborg Fundation. Y la inevitable primera pregunta que insinúa la exposición: ¿deberían tener los ciborgs diferentes derechos que los seres humanos, llamémosles, “normales”?

 

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“+HUMANOS. El futuro de nuestra especie” es una iniciativa del CCCB y la Science Gallery del Trinity College Dublin, en el marco del ciclo de Exposiciones BETA, un marco expositivo para debatir la cultura en el siglo XXI vinculada con la tecnología y la sociedad. En esta oportunidad, un total de 50 obras de artistas y pioneros de la investigación tecnológica presentan sus obras con el comisariado de Cathrine Kramer y la colaboración de Ricard Solé.

El signo + marca el rumbo conceptual que caracteriza a la exposición. Si bien roza por momentos la distopía, es notorio que se ha buscado una orientación positiva a la idea del futuro de la humanidad pero sin llegar nunca a la utopía tecnócrata.

 

De lo que se sirven, sobre todo, los curadores es de preguntas hacia el visitante para que pensemos entre todos determinadas cuestiones sobre la incidencia de la tecnología en la humanidad que se viene. ¿Qué pasaría si un robot supiera antes que nosotros mismos lo que queremos? ¿Quién poseerá en el futuro los materiales genéticos? ¿Debemos modificarnos para adaptarnos a los entornos naturales que ya hemos modificado? ¿Quién decidirá que capacidades puedes aumentar, el estado, el médico o tú? ¿Es la inmortalidad los nuevos 40? Un paseo que, al finalizar, logra triplicar felizmente el número de preguntas.

 

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MENS SANA IN CORPORE POTENCIADO

Una clienta habitual de la empresa Oliveira Barata decidió un día cambiar su pedido anual, cansada de comprar todos los años el mismo modelo de prótesis: una pierna ortopédica que imitaba a la piel humana. Esta vez pidió algo bastante diferente y decidió no sólo dejar de ocultar su discapacidad sino sacar provecho estético de ella. Así surgieron las prótesis del “Alternative Limb Project”, piezas bellísimas con cuero, engarces de diamantes y un diseño que permite al usuario expresarse de una manera inédita hasta hoy, sacando partido de la falta de un miembro con una obra de arte en su lugar.

 

El reverso deportivo de esta tendencia es el caso de la atleta americana Aimee Mullins, quien compitió en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 equipada con dos prótesis revolucionarias: unas piernas de guepardo que siguen ayudando a deportistas en todo el mundo no sólo a competir sino también a dejar de pensar en su discapacidad como una imposibilidad. En una vitrina, se expone una de las prótesis originales de Mullins como si fuera una reliquia, aunque las cintas despegadas y las vendas sueltas generan la ilusión de que hubieran sido utilizadas ayer.

 

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Pero si algo suele enseñarnos la historia del arte es que nada es tan original como creíamos y que ciertas ideas provienen de hace siglos. El Museo del Prado ha prestado para +Humanos “La caída de Ícaro”, el famoso cuadro que el pintor flamenco Jacob Peeter Gowy acabó en 1636 y que forma parte de la saga de ilustraciones sobre Las Metamorfosis de Ovidio. Aquí, además de representar la extralimitación del hombre, el artista interpreta al poeta romano a través de la noción del hombre tratando de superar el límite de sus posibilidades. Ícaro se acerca demasiado al sol y se derrite la cera de abeja con la que sostenía sus alas mecánicas fabricadas para ampliar sus capacidades y alcanzar el sueño de volar.

 

Y de volar, que seguramente sea el súper-poder más popular entre los sueños humanos, pasamos a súper-poder animal, ya no para escaparse de ningún laberinto sino para mirarlo con nuestros sentidos ampliados. Desde 2008, Chris Woebken y Kenichi Okada trabajan en un proyecto que consiste en la fabricación de dispositivos para percibir la realidad de acuerdo a los sentidos de diferentes animales, con la intención de que ampliemos nuestra percepción de las cosas. Por ejemplo, unos “guantes hormiga” con cámaras microscópicas para ver la realidad a ojo de hormiga (lo que tocamos con nuestras manos) o unas “gafas murciélago” que permiten percibir vibraciones sonoras de acuerdo a como las reciben estos animales. Es la idea de la tecnología lúdica aplicada a lograr una empatía con la naturaleza.

 

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Una empatía que se ve disminuida en el “Avatar Machine” de Mark Owens, un dispositivo portátil que reproduce la estética de los videojuegos y que produce el efecto de contemplar la vida real pero en tercera persona. No es la vida virtual en primera persona, sino la vida real en tercera persona: un avatar que experimenta en lugar de nosotros. Se produce una confusión entre lo real y lo virtual, mientras surge un interrogante: ¿si el ser humano comenzara a vivir sus experiencias en tercera persona, se reduciría su responsabilidad social?

 

Y ya con las obras del colectivo S.W.A.M.P. la empatía no existe y debe administrarse por efecto “perro de Pavlov”. Matt Kenyon y Doec Easterly diseñaron el “Dispositivo empático improvisado”, un brazalete con agujas que reaccionan ante una noticia dolorosa y que extraen unas gotas de sangre al usuario que mira la TV y que recibe esa noticia, para recordarle que debe sensibilizarse al ver lo que está viendo. La imagen no forma parte de la exposición, sólo está el brazalete con sus cables y agujas, pero está latente: un padre de familia gordo, sentado en el sofá mirando el informativo nocturno, comiendo helado de un tarro enorme y con el brazalete incorporado, donando sangre a este dispositivo transmisor de empatía.

 

EL OTRO Y LOS ENTORNOS

La artista guatemalteca Regina José Galindo decidió hablar de los cánones de belleza en una de sus performances de body-art. Contactó con Billy Spence, el cirujano plástico más solicitado de Venezuela, para que marcara las partes de su cuerpo que él consideraba dignas de intervención quirúrgica. En el video “Recorte por la línea” se ve a la artista desnuda sometida al trazo de los rotuladores del cirujano, que llega a dibujar hasta tobillos y rodillas. El sujeto acaba creando un cuerpo paralelo al cuerpo real, un cuerpo interior y ficcional que demuestra que los parámetros de belleza se sostienen en pilares imposibles y anti-realistas. El cirujano se asemeja a un niño autista que dibuja triángulos y círculos en el cuerpo de una mujer y refuerza la idea de que los parámetros de belleza se acercan cada vez más a ficciones irrealizables.

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De los parámetros mutantes de la belleza a los cambios vertiginosos en el confort, apartado insoslayable cuando hablamos de futuro y de tecnología. Doblando un pasillo puede verse a un brazo robótico que mece una cuna, a una enorme centrifugadora que cumple la función de máquina orgasmática y a Kiiroo, el sueño cumplido de las relaciones sexuales a distancia sin riesgo de enfermedades: una serie de aparatos basados en la teledildónica interactiva, es decir, los juguetes sexuales conectados a una red que permiten interactuar (sexualmente) con otros usuarios.

 

Los curadores se han preocupado por hacer de la visita una experiencia interactiva y dinámica, para que el espectador viva en carne propia todo tipo de sensaciones. Por ejemplo, podemos sentir la vigilancia y el castigo del panóptico focaultiano pasando al lado de la pared de ojos robóticos sin cuerpos que se adaptan a nuestros movimientos en “Área V5”, obra de Louis-Philippe Demers.

 

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Y también ingresar en los “tiempos modernos” de la era de la post-globalización, con la obra de Liam Young “Máquinas de producción post-humanas”, dos piezas enfrentadas de video-arte en las que la vida ha evolucionado hacia algo tan inerte como bello. Por un lado, una fábrica de ensamblaje con fajas que nunca se detienen y con obreras mujeres de overol azul y sin rostro, todas de espaldas, pero con características sutiles y propias que las hacen diferentes entre sí (no son todas iguales), en un entorno muy blanco y muy iluminado. Todas tardan lo mismo en acabar su trabajo con cada pieza, como si también fuesen máquinas finamente programadas.

 

En el video de enfrente, la imagen es la de una cámara fija que registra edificios grises con carteles de neón en parpadeos intermitentes. Debajo, un río que se mueve lento y estancado, basura industrial oscura e indescifrable, barcos anclados y oxidados. Liam Young nos muestra los dos colores de la distopía: el blanco y el ocre.

 

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Al final del recorrido, los planos y dibujos de la “Montaña rusa eutanásica”, diseñada por Julijonas Urbonas para quitar la vida de manera humana a través de diferentes estímulos, dentro de un recorrido diseñado y planificado que siempre acaba con la muerte. Una máquina tradicionalmente vinculada con espacios festivos y de carnaval, ahora preparada para matar a quiénes hayan decidido acabar con su vida.

 

+HUMANOS es una exposición imprescindible e ideal para recorrerla y perderse dentro durante horas. Sobre todo, porque cada sala es una sorpresa para todos los sentidos. Y una nueva oportunidad de hacernos tantas preguntas sobre un futuro en continuo diseño y que está siendo pensando con mucha seriedad dentro de manifestaciones del arte contemporáneo que coquetean un poco con la utopía y otro con la distopía.

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Laureano Debat

Periodista, escritor y blogger. Nacido en Argentina y radicado en Barcelona desde hace 6 años. Colabora con suplementos culturales, revistas y periódicos argentinos y españoles. Escribe crónica literaria en su blog personal www.barcelonainconclusa.com. Además de escribir sobre libros, exposiciones de arte, música y teatro, ha trabajado en periodismo científico, político, deportivo, de arquitectura, de tendencias, de derechos humanos y de todo lo que sea posible escribir en los límites de la hoja de una libreta de papel y en la virtualidad de un folio de Word. 

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